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Cuestiones trascendentales para una escritora

Una conversación inquietante

Hace un par de años mantuve una conversación con cierta persona que conoce en profundidad el mundo editorial y a la que, por discreción, mantendré en el anonimato. Con estas letras va mi agradecimiento hacia ella y el tiempo que me ha dedicado, escuchándome y dándome sus consejos.

Me encontraba en un momento de atasco (no de bloqueo creativo, algo que desconozco hasta el día de hoy), sino de incerteza en cuanto al camino a seguir en mi carrera como escritora. Resumiendo: llevaba años escribiendo casi a diario y acumulando títulos en mi disco duro, publicando poco y resignándome a la autopublicación en Amazon. Mi futuro como escritora era nebuloso. Nunca he dudado que seguiré escribiendo, pero... ¿alguien leerá mis libros alguna vez? ¿Llegaré al público lector como desearía?

Me daba vueltas a la cabeza esa pregunta terrible que quizás te ha asaltado alguna vez: ¿interesa a alguien lo que escribo? ¿Vale la pena escribir para un solo lector? ¿O para unos pocos?

Esta persona «experta» me puso contra las cuerdas. Lanzó varias preguntas que se me clavaron como dardos y durante varios días me aguijonearon por dentro. Son lo que he llamado «cuestiones trascendentales» que todo escritor, supongo, se tendrá que plantear algún día, si no lo ha hecho ya.

Así que ahora las comparto, por si son de ayuda o acicate para quien las lea.

Preguntas punzantes


  •  ¿Quieres darle la vuelta a la situación?
  • ¿Sí o no?
  • ¿Qué buscas como escritora?
  • ¿Quieres seguir escribiendo sin publicar?
  •  ¿Quieres autopublicar en Amazon y pasar desapercibida?
  • ¿Quieres encontrar agente y editor?
  • ¿Quieres tener mucho éxito, muchos lectores, renombre «y» ventas?

Y ahora, yendo más al grano:
  • Los temas que eliges no parecen acordes con las «necesidades» del momento. ¿Qué te acota?
  • ¿Por qué no puedes adaptarte (a las demandas del mercado)?
  • ¿Quieres adaptarte?
  • ¿Podrías escribir algo por encargo?
  • ¿Qué quieres para tu carrera como escritora?
  • ¿Dónde quieres estar dentro de 10 años?
  • Dale una vuelta a todo y míralo «desde la otra orilla».
  • Decide tu estrategia y constrúyela.

Respuestas nada fáciles


¿Te has hecho alguna de estas preguntas, o muchas de ellas? ¿Qué te respondes? ¿Qué te cuesta más? ¿Te rebela contestar alguna?

A mí sí, lo confieso. Cuando me senté a escribir las respuestas, en un ejercicio de introspección literaria y sinceridad conmigo misma, admito que lo hice con pluma airada.

La ira puede ser muy inspiradora. Pero si quieres triunfar en este mundo cautivo de las cifras y las ventas, hay que ser dócil, muy dócil.

Y si quieres ser rebelde, debes estar preparado para afrontar el desierto y la tierra de nadie donde pululan los proscritos, ese lugar tan lleno de peligros como de oportunidades. Tan lleno de vida como de muerte.

Evoco a Shakespeare, experto en escribir por encargo sobre temas mil veces tratados, pero que supo volcar su originalidad y su arte en cada una de sus obras. Pensó en su público, pensó en sus mecenas, pero no se perdió. Triunfó sin dejar de ser él mismo.

Nietzsche lo expresó como nadie... Escribir es danzar entre cadenas.

Una novela histórica: lo que hay detrás

Acabo de inaugurar el blog de mi novela histórica La reina fiel. ¡Ya era hora! Bastantes lectores me lo pedían. En este blog, como veréis, voy a explicar la génesis de la novela, cómo la urdí y todos los entresijos de su escritura y edición. Publicaré las notas que la editorial no quiso incluir. Y no sólo eso, sino que explicaré muchos detalles interesantes que a los lectores amantes de la historia os gustarán. Aspectos de la vida social y cotidiana del siglo XV en los reinos hispanos, el panorama histórico, político y cultural. Detalles curiosos sobre alimentación, ropa, belleza y salud. La convivencia entre cristianos, moros y judíos y la enorme influencia de lo que estaba ocurriendo en Europa: el fin de la Guerra de los Cien Años, el cisma eclesiástico, la amenaza turca en Oriente y la piratería en el Mediterráneo. El papel de la mujer en la sociedad. La vida en una corte real, sus intimidades e intrigas. Asomarán personajes famosos que aparecen en la novela y son muy conocidos, como la Doncella de Orleans, el último y desdichado conde de Urgel, el cardenal Alfonso de Borja (que sería el primer papa español de la historia), el polémico favorito Álvaro de Luna, Isabel de Villena, abadesa y escritora valenciana pionera; el poeta Ausiàs Marc, el condottiero Caldora y hasta una jovencísima Isabel de Castilla (futura reina católica).

Todo esto y mucho más en el recién estrenado blog: https://lareinafiel.blogspot.com/

Si algún tema en particular os interesa y queréis que lo trate, podéis decirlo en los comentarios.

¡Os invito a hacer un viaje al pasado medieval! 


La grafía reproduce el final de una carta con la firma original de la reina María.

Las cosas han cambiado mucho para los escritores

Pues sí. Desde que empecé este blog, ¡en el año 2007! han pasado más de quince años. Y el panorama que se abre hoy ante los escritores, noveles y curtidos, es muy diferente.

Llevo casi veinte años escribiendo por gusto y por pasión, y catorce años publicando e intentando publicar. Desde 2008 he publicado más de 35 libros, ocho con editoriales tradicionales y solventes, los restantes 27 en Amazon. Sin contar los más de doce libros que tengo inéditos, guardados en las «neuronas» de mi ordenador. ¿Buena cosecha? Según se mire. En términos comerciales, diría que tengo un enorme stock acumulado y poca salida. Ventas modestas. Un público escaso, aunque fiel y que ama y valora mis escritos.

En estos casi quince años he pasado por todo: he encontrado agente, he publicado con grandes sellos, he ganado un premio importante, mi agente me despidió, he sido autora indie y he publicado tres libros sin necesidad de agente... He sufrido mis altibajos, ¡sin dejar de escribir jamás! y finalmente vuelvo a trabajar con una nueva agente que me comprende, aprecia mi trabajo y me está brindando una confianza y una transparencia que desconocía en el mundo editorial.

Mi primera novela publicada, Estirpe Salvaje.

Cambio de panorama editorial

Cuando empecé a publicar fue en una época de boom editorial, justo antes de la crisis del 2009 y años siguientes. En esos años se nos abrieron las puertas a muchos noveles. Pero llegó el crack.

Hemos empalmado esta crisis con la de 2020 y el panorama ha cambiado mucho. Hoy día, las oportunidades para los noveles en el mundo editorial se han desplomado. Si no eres un autor ya consolidado, una celebrity o un influencer con miles de seguidores en redes sociales, ¡despídete! O tu obra es genial, o encaja muy bien con lo que busca la editorial, o le gusta especialmente al editor, o te cerrarán la puerta en las narices. El mundo editorial es un negocio, y en todo negocio que se precie, recuérdalo bien, lo que importa son las ganancias.

Pero, al mismo tiempo que se cerraban unas puertas, se ha abierto el campo vastísimo de la autopublicación. No sólo en Amazon, aunque esta es la plataforma más utilizada. Hoy, cualquiera puede publicar un libro con una calidad muy aceptable. Otra cuestión será la edición y el contenido. En Amazon hay muchos bodrios, diamantes sin pulir y perlas prodigiosas, como en todas partes. La clave es saber qué buscas, cómo encontrarlo, y que ese tesoro se deje encontrar para llegar al lector que lo busca.

La gran ventaja es que Amazon ha democratizado la publicación de libros, haciéndola accesible a millones de autores que, de otro modo, no verían publicada su obra. También permite que se divulgue contenido que no es de rabiosa moda o actualidad, sobre temas especializados o dirigido a mercados reducidos o muy concretos.

Y Amazon, así como otras plataformas, ofrece herramientas para dejar satisfechos a autores y a lectores. Sólo hay que conocerlas.

Premio Minotauro 2011 por Ciudad sin estrellas


Qué he aprendido como autora

Que, tal como me dijo mi primera mentora, muchos años atrás, cada libro es una batalla (mejor dicho, una guerra) que luchar. Y que publicar una vez no significa nada. Hay lanzar el ataque y mantener el pulso una y otra vez.

Que para aprender a escribir realmente bien, como también me señaló ella, se necesitan mínimo diez años... o diez mil horas, o tiempo, y no poco. Porque si estás vivo como escritor, creces, evolucionas y mejoras. No basta saber contar una historia y no cometer faltas ortográficas ni gramaticales. El arte de relatar pide algo más.

Que a escribir se aprende escribiendo, claro, pero una buena formación y orientación externa siempre ayuda, porque uno nunca es buen maestro de sí mismo y mucho menos buen juez de sus propias obras. Por supuesto, hay que encontrar los cursos y el maestro o guía adecuado. Y el trabajo siempre lo harás tú.

Y ahora, la lección más importante (y dura): no basta conseguir publicar tu libro: ¡hay que venderlo! Y desengáñate, el 99 % de los autores no serán agasajados por la editorial, ni por la prensa, ni por los medios. Si no eres un famoso o un ya consolidado best-seller, de la promoción tendrás que preocuparte . Y esto significa: organizar presentaciones, moverte con los libreros, contactar con la prensa, llamadas a amigos y conocidos, presencia frenética en redes sociales y, sí, también, plantearte hacer anuncios de pago.

Presentación de Elige la vida. Noviembre 2019.


¿Vender??

Lo siento, amigo, si eres uno de los muchos escritores (como yo) que «ama escribir y odia vender»: o te espabilas, o no te comerás un rosco.

No te queda otra: tienes que aprender a vender tus libros y venderte a ti.

Y vender significa varias cosas: la primera, tiempo. Vas a tener que dedicarle horas. La segunda, formación: tienes que saberlo hacer, no vale de cualquier manera, hay técnicas y estrategias, es todo un arte. Y la tercera: money. Sí, vas a tener que invertir dinero, como cualquier empresa que invierte en marketing y publicidad.

En estos últimos años he aprendido más sobre esto, y sigo aprendiendo. El mundo de la venta de libros es todo un universo. Una se queda embobada escuchando a esos autores que, después de vender millones de libros por Amazon, ahora se dedican a compartir sus conocimientos en estupendos cursos magníficamente diseñados, con los mejores recursos y la mejor tecnología y calidad. Todos ellos anglosajones, ¡USA es el reino del marketing y la comunicación! Qué bien saben hacerlo. Y lo fantástico es que te enseñan todos sus trucos y saberes para que tú también triunfes con tus libros.

Eso sí, de nada sirve vender bien si el producto no es bueno, o no es lo que el público espera. ¡Las trampas no valen!

Firmando ejemplares de mi novela en las Jornadas Literarias de Dos Hermanas, 2012.

¿Pueden hacerlo otros por mí?

Y la pregunta del millón es... Bueno, soy un autor indie. Amo escribir, pero no sé vender, ni me gusta, y no quiero perder mi tiempo en eso. ¿Puedo subcontratar esos servicios a una empresa que lo haga por mí?

La respuesta, por lo que sé, es: sí y no. Sí, porque hay empresas que se dedican a eso. Ellas te colocan el libro, lo posicionan en buscadores, te redactan un texto atractivo y vendedor, incluso pueden diseñarte la cubierta y sugerirte títulos y subtítulos cautivadores.

Pagas religiosamente tu cuota y a esperar.

Y después, ¿qué?

Pues la mayoría de veces los resultados son modestos, cuando no pobres. Ni siquiera cubren la inversión gastada.

Entonces te dicen: Bueno, es que el libro es lo que es... El género no es comercial. Hay mucha competencia... El mercado es pequeño. Tú como autor no eres un influencer, ni tienes muchos seguidores en redes sociales... Los lectores no hacen reseñas, o las reseñas no son buenas... Nosotros podemos ayudarte, pero el resto depende de ti, del libro, del momento, de...

Según uno de estos autores que ofrece formación en ventas y anuncio de libros, no existen empresas que hagan eso por ti. Sorry, but... Las pocas que existen requieren ciertas condiciones (de ti como autor y de tus libros, necesitas tener unos cuantos publicados y de género comercial). Te ayudan a posicionarte, a diseñar algo potable y a lanzar campañas a todo pasto. Si quieres resultados, te ofrecen unos precios fuera del alcance de la mayoría de bolsillos (a menos que pidas un préstamo). Por ejemplo, una inversión de no menos de 1500 o 2000 euros al mes. Sin garantías de que eso funcione a corto o a medio plazo.

De modo que... ¡más vale que aprendas a vender!


Dos imprescindibles

Sin olvidar un principio fundamental de la venta: la demanda. Si tu libro no es algo que desea, necesita o codicia el público lector (el mercado), por mucho marketing que le metas, no funcionará.

Y otro principio, el desencaje o la incoherencia. Si tu libro está mal enfocado, es decir, su contenido no se corresponde al género y a la imagen con que lo estás vendiendo, tampoco saldrá bien. Ejemplo: no vendas una novela romántica con una cubierta futurista propia de ciencia ficción (a menos que cultives un género mixto). O no vendas una novela policíaca con una cubierta de estilo romántico. O no vendas un libro sobre finanzas y criptomonedas con una imagen zen propia de un libro de yoga. Exagerado, pero queda claro.

Elenco de libros publicados y autopublicados.

¡Dios mío, he acabado hablando de ventas!

Quería hablar de escribir y he acabado hablado de ¡vender! Pero es que, a fin de cuentas, si escribimos es para publicar, y publicar es vender, ni más ni menos. Escribir-publicar-vender todo forma parte de un enorme negocio: la comunicación. Y si escribes novelas (no ensayos ni manuales prácticos) escribir-publicar-vender no es más que el arte de crear otros mundos y ofrecerlos al mercado para evadirse, por unas horas, de la gris y pesada realidad. La pregunta del millón es: ¿cómo convencer a los lectores de que entren en tu fabuloso mundo?

¿Cómo atraerlos? ¿Cómo seducirlos? ¿Cómo hacerles caer en la dulce tentación, y después no defraudar sus expectativas? Porque si las cumples, y las cumples con creces, repetirán. Fidelizarás a tu público y lo ampliarás.

Esto es lo que hay. Si amas tus libros, esos hijitos salidos de tu imaginación y de tus dedos encallecidos de tanto teclear, te preocuparás de lanzarlos al mundo y que lleguen a su destino. Les pondrás alas para volar e impulsarás su vuelo con todo el esfuerzo y la creatividad posible.

Qué rabia que te digan esto: Si eres buen escritor, ¡seguro que sabrás redactar un fantástico texto de menos de 150 caracteres para seducir al público!

¿Existe una fórmula mágica? No te queda otra que probar, como los alquimistas medievales, ensayando una y otra vez hasta dar con la piedra filosofal que convierta tus páginas escritas en oro puro.

Recuerda: la victoria es no rendirse nunca.

Un paseo por mis orígenes (también literarios)

Manuel Cuenya, escritor leonés y berciano (del pueblo de mis abuelos, Noceda), me ha entrevistado en el espacio "La Fragua Literaria", de la revista Ileon.

Ha sido una entrevista preciosa, que me ha llevado a mis orígenes, vitales y literarios, y a recordar algunos de los mejores momentos de mi infancia. Todo ello, de alguna manera, se ha reflejado después en mis libros...

Aquí podéis leer la entrevista entera (si tenéis curiosidad, vais a saber detalles de mi vida y de mi infancia que quizás no conocíais).

Y aquí, algunos fragmentos y el cuestionario breve final:

«León, para mí, es la patria de la infancia, donde me formé y crecí, y donde nació mi amor por la naturaleza, las letras y el arte. De León y Astorga tengo muy buenos recuerdos de las escuelas a donde fui (ambas públicas, Santa Marta y San Claudio), de los maestros, y de las amigas que hice allí...», rememora con cariño y a la vez morriña la creadora de Ciudad de estrellas, una novela que naciera como un cuento simbólico, con la que obtuviera el premio Minotauro 2011. Un galardón Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica que le despertó muchas expectativas de cara al lanzamiento de su carrera literaria, pues Minotauro y el Grupo Planeta le hicieron una buena promoción de su libro, pero finalmente no le sirvió de mucho. No obstante, ha continuado escribiendo con pasión.

«Quizás la lección que he aprendido es que ni el éxito ni el fracaso deben ser determinantes para tu carrera de escritor. Si lo eres, lo eres. No necesitas el reconocimiento de nadie para seguir creando», afirma con rotundidad y lucidez Montse de Paz, que se siente satisfecha con Ciudad de estrellas porque es una metáfora de lo que es nuestro mundo o lo que puede llegar a ser, al menos en las grandes ciudades. 

Ciudad de estrellas, ambientada en una ciudad llamada Ziénaga, que se aparece con un cielo blanco durante el día y anaranjado durante la noche, nos hace recordar a dos novelas clave en la Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción como son Un mundo feliz, de Huxley y 1984, de Orwell, dos distopías en las que ya estamos viviendo los seres humanos, bajo un control férreo y el yugo de lo artificial, de lo virtual, donde no existe la libertad, ni la espiritualidad, ni las emociones, apartados de la belleza y amorosidad que procura la Naturaleza.

«Un mundo o paraíso artificial y consumista, cerrado en sí mismo, donde se te ofrece todo en el plano material... Pero donde siempre viven personas con el alma hambrienta que buscan algo más y quieren romper las fronteras... Podría entenderse también como una moderna versión del mito de la caverna. O un relato iniciático y una novela de crecimiento, pues gira en torno a un personaje en busca de sí mismo. Y se puede leer como una reivindicación del mundo espiritual, del valor de la naturaleza y de la historia», sostiene esta licenciada en Filología Inglesa, que disfrutó mucho estudiando su carrera, pero que, desde muy jovencita, se ha dedicado de un modo profesional y vocacional a tareas humanitarias.

«Siempre me gustó leer, desde muy niña. Con siete años inventaba cuentos y los ilustraba a modo de cómic. Más tarde escribí otros relatos, siempre los dejaba a medias... Luego llegaron 'los años de silencio'. Aunque escribí mucho por motivos académicos y profesionales, jamás pasó por mi cabeza ser escritora ni dedicarme a la literatura. Hasta que, de pronto, surgió la inspiración. Fue una noche del verano 2004. Ese día apagué la tele ―no la he vuelto a ver más― y encendí mi ordenador, no para trabajar, sino para inventar. Empecé mi primera novela y ya no pude parar de escribir. Creo que algo que llevaba muy adentro surgió con una fuerza explosiva. Tardé un tiempo en asimilar lo que me sucedía. Pero desde entonces sé que no podré vivir un día sin escribir, al menos, unas pocas líneas... Han pasado quince años y sigo ahí», detalla la autora de La rosa de cuatro picos (historia inspirada en los maragatos, muchos de los cuales emigraron a América y fundaron colonias en Argentina como Carmen de Patagones, y aun en Uruguay), para quien escribir es como respirar, «escribir es vida». Y la escritura creativa es más que una forma de expresar lo que lleva adentro, porque asegura que todos tenemos algún talento artístico o creativo que necesitamos desplegar. Y el suyo es la palabra.

«No sé si a los demás les sirve de algo leer lo que escribo o no. Creo que en el mundo del arte el utilitarismo está fuera de lugar. ¿De qué sirve la belleza? Pero las cosas más inútiles también pueden convertirse en las más necesarias.»

Entrevista breve a Montse de Paz

«El consumismo, los medios de comunicación y las tecnologías se confabulan para que seamos una masa de robots distraídos y manipulables.»

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

La 'Ilíada', 'Madame Bovary', 'Los hermanos Karamazov', 'El Señor de los Anillos', las 'Sonatas' de Valle Inclán. Y algunos libros de la Biblia.

Un personaje imprescindible en la literatura (o una persona en la vida).

¿En la literatura? Don Quijote.
¿En la vida? Jesús de Nazaret.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

No lo sé... He leído libros que no he sido capaz de terminar, pero prefiero no mencionarlos. Todo autor, como persona y como creador, es respetable, aunque su obra no te guste.

Un rasgo que defina tu personalidad.

La fidelidad.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

Que sea capaz de apasionarse y entregarse.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

La política: es un circo de poder, un 'Juego de Tronos' con guión malo y aburrido. Lo que debería ser una vocación de servicio a la sociedad se ha convertido en un feudalismo donde todos luchan contra todos por arrebatar un pedazo del botín. ¡Primitivo y penoso!

La sociedad: hay un enorme potencial. La gente no es tonta, la gente tiene sed de sentido, de vida, de crecimiento. Y tenemos más información y recursos que nunca. Pero al mismo tiempo hay una enorme desorientación y demasiados factores que nos adormecen y nos atontan. El consumismo, los medios de comunicación y las tecnologías se confabulan para que seamos una masa de robots distraídos y manipulables. Las ideologías de todo tipo hacen estragos en la mente. Vivimos sometidos al "pan y al circo" y pocos hacen el esfuerzo de despertar y salir de esa corriente. Aún y así personas despiertas, ¡haberlas, haylas! Esa es la esperanza.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

¡Escribir! Y leer. Y caminar por la montaña, viajar, contemplar una obra de arte... Jugar con los niños. Y hablar con un buen amigo sobre temas que me apasionan.

¿Por qué escribes?

Es una necesidad vital: crear mundos, personajes y vidas que expresan de algún modo las inquietudes que llevo adentro, y compartirlas con los lectores.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

En mi caso no, porque no estoy presente en ellas. Supongo que si entrara, me ayudarían a condensar las ideas en pocas palabras... ¡Un buen ejercicio literario!

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

En estos momentos, la historia y la Biblia. También me inspiran mis experiencias vitales y lecturas muy variadas, conferencias o conversaciones que he mantenido, reportajes... A veces, los sueños. Mis fuentes son una mezcla de todo ello y, como ves, no siempre son literarias.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Hay blogs literarios muy buenos, pero no los sigo con regularidad. El mío lo voy actualizando, con no mucha frecuencia, quizás una o dos veces al mes. Empecé explicando mis experiencias a la hora de publicar los primeros libros, y luego he añadido toda clase de temas. Se centra en tres líneas: literatura, cómo llegar a publicar y una miscelánea (arte, experiencias, etc.)

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Todo existe por amor, y está llamado al amor.
(Aunque cueste verlo.)

Nota: la foto de Noceda vista desde la sierra es gentileza de Roberto González Santalla.

«A Donald Trump no le gusta leer»

Comparto un artículo de Jordi Nadal, presidente de Plataforma Editorial. Ha sido publicado en La Vanguardia el día 2 de febrero y me parece de lectura imprescindible.

Reproduzco aquí el texto con autorización del autor. ¡Gracias!

A Donald Trump no le gusta leer


Así reza uno de los provocativos carteles de la cadena de librerías alemana Thalia, que factura la friolera de más de 700 millones de euros anuales. La campaña está encabezada por el lema “Mundo, mantente despierto” ( Welt, bleibt wach) y, entre otras propuestas sorprendentes y provocativas como la que encabeza este artículo, hay otras ideas poderosas como “Apaga la Manzana, enciende la Pera” jugando con el logo de Apple y la idea de la bombilla como luz y mente.

Cuando le preguntaron al consejero delegado y socio de Thalia, Michael Busch, sobre el porqué de un lema global tan grande, contestó: “Está claro que como sector editorial no podemos resolver las grandes cuestiones políticas. Pero podemos realizar una aportación. Veo tres puntos esenciales: en primer lugar, debemos preocuparnos de que la discusión pública no sea cada vez más super­ficial, porque la superficialidad es tierra abonada para el radicalismo. En segundo lugar, debemos analizar en profundidad los problemas que deben ser correctamente identifi­cados. Los libros sirven para ello y las editoriales han aportado mucho (…) Y en tercer lugar, debemos conseguir que la lectura y el libro vuelvan a entrar con fuerza en la conciencia de las personas”. 

¿Quién dijo que no se leen libros y que estos no son poderosos? ¿Cómo se podría sintetizar de un modo claro y emblemático en qué consiste el trabajo de editor? Editar es avanzar.

Avanzar porque leer es crecer, es alimentar la curiosidad, es dotar a nuestra mente y nuestras emociones de mayores circuitos y recursos. La mayor diferencia entre la mente de un niño educado en una familia rica o pobre estriba en las palabras que conoce. Una mente pobre no tiene palabras. Y una mente rica tiene un universo de palabras que, a su vez, combinadas y hechas propias, se convierten en la llave maestra que abrirá buena parte de las puertas y situaciones que te presenta la vida.

Juan José Millás nos recordaba que la realidad está hecha de palabras, de modo que quien domina las palabras domina la realidad. Por eso sentimos como un regalo absoluto el haber descubierto los libros y la lectura. Por muchísimas razones: podemos leer porque queremos alimentar nuestra curiosidad, porque queremos crecer, porque queremos evadirnos, porque queremos entender otras ­cosas y otras personas y culturas, porque ­queremos escuchar otras vidas.

Las razones son muy diversas y podrían englobarse en aquella frase que le dijo una vez un niño a un escritor infantil: “Leer es querer que el mundo no se acabe nunca”. Leer es la manera de explorar lo que no sabemos, lo desconocido y lo que te permite entender la complicada interacción de las cosas.

Cuando un autor argentino intentaba convencer a unos alumnos de bachillerato, inapetentes a su discurso, sobre las bondades de la lectura, los primeros intentos del autor le salían blandos, y los jóvenes no parecían hacerle mucho caso, pero llegó el momento que, ante esa audiencia concreta, el autor pronunció las palabras mágicas: “Muchachos, lean para que no les caguen”. Capturó su atención cuando les invitó a que lean para que sean ellos los capitanes de su destino. Para que no sean actores secundarios de su vida.

Lo dijo de otra forma una actriz de varietés cuando le preguntaron qué pensaba sobre las ventajas de la lectura. La vedette lo expresó así: “Yo siempre le digo a mi hija: ‘Estudia, hija mía, estudia, que, con el tiempo, te caen las tetas, pero no la cabeza’”. Es decir, leer frente a la fuerza de la gravedad.

Sin lectura no hay profundidad de campo, ni contraste, ni matices. Sin lectura caemos fácilmente en el fanatismo. Ya saben, fanático es aquel que no quiere cambiar ni de tema ni de opinión. Los fanáticos leen poco o mal. Sin lectura, triunfan con naturalidad el tuit y el odio. Leer, además, es reparador y sano. Leer –cada día hay más estudios científicos que lo avalan– es bueno para la salud. Los lectores viven dos años más de promedio. Leer es una manera limpia de disfrutar la vida. Disfrutarla como forma superior de búsqueda para aprender a gobernar un poco mejor, con ­humildad y agradecimiento, una vida propia en libertad.

Un estudio PISA revelaba que, más allá de los indicadores de lugares, países, etcétera, y las competencias lectoras, una casa con menos de 20 libros es indicio fiable de un más que casi seguro fracaso escolar y, en cambio, una casa con más de 200 libros equivale casi seguro a éxito académico. A tres años más de estudios.

Si esto es así de contundente, ¿no sería hora de que Ikea, que ha vendido más de 60 millones de estanterías Billy en 38 años, la rebau­tice con el nombre de PISA y nos invite a que esas estanterías –u otras de otras empresas que hagan estanterías– se llenen de libros (de futuro) y se nos invite a aprender y a disfrutar más?

Por eso los libros nos facilitan algo que es sumamente raro –hoy y siempre–: una conversación verdadera. ¿Cuánto tiempo hace que no hemos tenido una? Muchas cosas esenciales en la vida las podemos leer en esas simples páginas que encierran la verdad última de un autor y su mundo.

Cuando leí a Elena Ferrante y su maravillosa saga Dos amigas, abrí una tetralogía con la que viví algunos de los mejores momentos de mi vida. Y sentí con absoluta claridad que nunca me habría podido ser más entregado el ser testigo íntimo de unos universos femeninos tan poderosos. Es de lo mejor que me ha pasado en una década lectora.

Cada lector tiene la oportunidad, única  intransferible, de ser el dueño de un mundo cuando se sumerge en la intimidad de la lectura, y, como dijo magis­tralmente el gran autor C.S. Lewis, “leemos para saber que no estamos solos”.


Publicado en La Vanguardia, 2 de febrero de 2019


Voló, con los ánades salvajes...

Mary Oliver, cantora de la belleza de las cosas y de la vida efímera, tal como es, ha muerto.

 Quienes aman sus versos dicen que ella quizás ha muerto... pero no sus poemas.

 

THE JOURNEY

One day you finally knew
what you had to do, and began,
thoug the voices around you
kept shouting
their bad advice —
though the whole house
began to tremble
and you feld the old tug
at your ankles.
"Mend my life!"
each voice cried.
But you didn't stop.
You knew what you had to do,
though the wind pried
with its stiff fingers
at the very foundations,
though their melancholy
was terrible.
It was already late
enough, and a wild night,
and the road full of fallen
branches and stones.
But little by little,
as you left their voices behind,
the stars began to burn
through the sheets of clouds,
and there was a new voice
which you slowly
recognized as your own,
thak kept you company
as you strode deeper and deeper
into the world,
determined to do
the only thing you could do —
determined to save
the only life you could save.

No se puede traducir... aunque la tentación está ahí. Y caigo.

El viaje

Un día finalmente supiste 
lo que tenías que hacer, 
y empezaste,
aunque las voces 
a tu alrededor
seguían gritando
su mal consejo,
aunque la casa entera
empezó a temblar
y sentiste ese viejo tirón
en los tobillos.
¡Arregla mi vida!,
gritaba cada voz.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento azotaba
con sus dedos rígidos
los mismos cimientos,
aunque su nostalgia 
era terrible.
Ya era muy tarde,
y la noche era salvaje,
y el camino estaba lleno 
de ramas caídas
y de piedras.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas atrás 
las voces,
las estrellas empezaron a arder
a través de los velos de nubes,
y sonó una voz nueva
que poco a poco
reconociste como la tuya,
que te acompañaba
mientras te adentrabas 
cada vez más en el mundo,
decidida a hacer
la única cosa que podías hacer,
decidida a salvar
la única vida que podías salvar.


Historia de una tribu

A todos mis amigos tribales... y de otras tribus


Érase una vez un grupo de locos amantes de las palabras. Estaban siempre hambrientos y devoraban con fruición cuantos libros caían en sus manos.

Un día, estos locos se encontraron en un foro literario, donde dieron rienda suelta a su desmedida prosofagia, y de donde salieron cientos de relatos, coloquios, debates… y ¡hasta fundaron una revista! 

La revista llegó a su mayoría de edad. ¡18 números! Luego el foro cerró… Toda historia tiene su cara, y su cruz. Pero algunos miembros de la variopinta tribu decidieron que había que inventar algo nuevo.

Celebraron cónclave en cierto archipiélago de islas que no aparecen en los mapas corrientes… Allí, entre selvas y cumbres humeantes, se toparon con un mono gracioso y saltarín que les inspiró la malévola idea.

De allí salieron dos criaturas más: una de muerte, y otra de miedo. ¡Estaban llenas de vida! Abrieron las alas y, cual dragones, elevaron el vuelo sobre la jungla amazónica, donde acabaron encontrando guarida tras planear sobre los cinco continentes.

Monki el mono sabio continuó haciendo de las suyas, y así es como la tribu, por puro amor al arte (¿puede hacerse arte sin amor?) parió otra criaturita tan entrañable como los Clicks de Famóbil de nuestra tierna infancia: ¿fue el último regalo?

Todo en esta vida acaba, los años pasan y cada loco con su tema. Los miembros de la tribu abandonaron su refugio en las islas y se dispersaron navegando por el mundo. Pero las letras no mueren, las amistades laten como brasas en la ceniza y las adicciones… tampoco se apagan fácilmente. Los prosófagos siguen devorando libros ―tanto en papel como en pantalla― y, quién sabe, quizás un día vuelvan a reencontrarse en las islas, para contarse sus aventuras y, a lo mejor, engendrar otro dragón alado, con hojas de papel o sin ellas, pero con muchas, muchas palabras titilando entre sus escamas. Monki les estará esperando.

 

Buscando la pregunta


 «La palabra es vida, ¡la palabra es la vida!
Pero ¿sabemos hablar todavía?
Quizás ha llegado el tiempo de retornar a la palabra, de retornar a las palabras viajeras, las que hacen circular el gozo de existir en la ligereza y la frescura de un alba portadora de la esperanza renovada en un día aún más alto, más libre…
Vayamos, caminemos, avancemos en el vaivén del oleaje de las palabras errantes…
¡La historia es más fuerte que el destino!»

 …

 «Tú eres un pájaro…Las palabras son tus alas, ¡habla, vuela lejos!  Cruza el espacio y el tiempo, rompe las cadenas de una historia que no te pertenece y que no tiene el derecho de cargarte y retenerte…Recuerda que los hombres, aunque deban morir, no han nacido para morir, sino para innovar, para abrirse al nacimiento y al renacimiento.Porque has nacido estás condenado, estás condenado a ser libre… ¡No lo olvides!»

Sigo leyendo con deleite  a Marc-Alain Ouaknin, su pequeño tratado C’est pour cela qu’on aime les libelules (Es por eso que amamos las libélulas).

Un tratado ¿de qué? De algo para lo que el autor ha tenido que inventar una palabra: quoibilité, que se podría traducir por «quebilidad». Que viene de «qué».

Quebilidad: una larga reflexión sobre «la pregunta, el cuestionamiento, el interrogante, el asombro, que se convirtieron para mí en un tema central del pensamiento y de la existencia en general».

Solemos pensar que el ser humano vive envuelto en interrogantes. Todo cuanto nos rodea nos suscita preguntas. ¿Por qué? ¿Por qué? La pregunta insistente de los niños que aprenden, la pregunta angustiada del filósofo que se topa con el enigma de la existencia.

¿Y si es todo lo contrario?

¿Y si en realidad vivimos rodeados de respuestas, y lo que necesitamos buscar son las preguntas?

¿Y si nosotros mismos somos respuestas? ¿A qué pregunta responde nuestra existencia?

¿Y si la vida misma yace, no en una respuesta, sino en un gran interrogante?

Escribir: ¿es un ejercicio creativo en esta búsqueda de preguntas?

Una reflexión más, sobre la biografía: «…la vida no precede a la escritura, sino que es engendrada con esta escritura» […] No hay vida por un lado y escritura por otro, sino la biografía, la escritura de la vida, la vida por la escritura.»

C'est pour céla qu'on aime les libelules


«Puede haber, y probablemente haya en toda vida un instante inicial de tal intensidad, de tal fuerza, que influye en la vida entera.
Puede ser un libro, un encuentro, un accidente, una ausencia, un retraso, una puesta de sol, una tempestad o simplemente una sonrisa.
La escritura de un texto, de una historia, de una obra de teatro o de una novela es a menudo el signo del encuentro con ese momento fundacional.

¡O quizás sería más justo decir que escribimos para descubrir ese momento fundacional, el punto inicial, la conmoción del ser que nos ha hecho surgir en el corazón de la existencia!

¿Sabemos por qué escribimos?»
Así empieza el libro que estoy leyendo con gusto y asombro, porque casi cada frase, cada párrafo, me obliga a detenerme y a pensar… o a recordar, o a preguntarme.

¡Quizás este y no otro es el propósito de su autor! Marc-AlainOuaknin es un autor que desconocía hasta hace poco. La tapa del libro lo define como filósofo, rabino, profesor de la universidad Bar-Ilan… autor de un montón de libros diversos sobre literatura, Talmud, poesía y filosofía, traducidos en países de todo el mundo. Yo diría que es una mezcla entre poeta y trapecista de las letras.

Aún no he terminado el libro. Lo estoy leyendo en versión original y voy despacio. Saborear el francés nítido, poético y sabroso de Ouaknin me permite una lectura pausada y profunda.

¡Creo que todos los escritores amaríamos leer algo así de tanto en tanto! Es como hacer un pequeño “receso espiritual” en medio de nuestro escribir, una cura de rejuvenecimiento y un aporte extra de vitaminas para la pluma… o la tecla, o la mano que hace volar palabras.

¿Sabemos por qué escribimos?

No resisto compartir otro párrafo, ¡y esto es apenas el comienzo del libro! Porque C’est pour cela qu’on aime les libelules (Es por eso que amamos las libélulas) trata de mucho más que de literatura.

¡Alerta! Si os animáis a leerlo, no es un libro que os dé «ideas» geniales, ni respuestas, ni conclusiones… ¡Su misión es suscitar preguntas! Posiblemente os detengáis a medio leer una página y la mente se os vaya en un interrogante que os lleve por derroteros insospechados.

«¿Qué es una palabra, si no es una historia de amor?
Hay toda una teoría sobre el amor que las vocales profesan a las consonantes. Las letras se enlazan […], se enlazan y se abrazan, se abrazan y se unen […] Haz estallar el presente, descubre el milagro de la aurora quebrando la negrura de la noche, haz danzar las letras y las vocales amorosas. Haz cantar las palabras para que se conviertan en pájaros.»

Recursos literarios


¿A qué huelen las palabras? ¿De qué color es una canción? ¿Por qué un verso es delicioso, o una carta sabe amarga como la hiel? Sinestesia, metáfora, comparación.

¿Qué sería de un libro sin alma? ¿Y un discurso sin repetición? ¿Cuántas plumas callarían si no fueran más que plumas? Metonimia, anáfora, personificación.

¿Con qué aliñaríamos nuestros diálogos si no hubiera hipérboles? ¿Qué harían los cuentos sin cabellos de oro, y los poetas sin lunas de plata y auroras de cristal? Apóstrofe, asíndeton, repetición.

¿Cómo hablaría el fuego de la musa? ¿Y el sabio? ¿Y el místico? ¿Y el trovador? Polisíndeton, hiperbaton, enumeración.



Recursos. «Recursos literarios.» Ordenando papeles he dado con una viejísima libreta de apuntes. Y antes de tirar las hojas amarillentas, de pauta simple y escritas con la caligrafía minuciosa de una colegiala de diez años, he querido escanearlas y guardarlas en la memoria de mi ordenador. Ahora las cuelgo en la Red, esa biblioteca que está en las nubes y que está en todas partes y en ninguna, esperando que su memoria supere la mía y sobreviva cuando mis palabras no sean más que un eco en un montón de páginas escritas.

¿Podía imaginar, cuando escribí estas notas, que algún día me llamarían escritora, compondría poemas y publicaría libros?

¡Jamás!

Esta es una de las bellezas de la vida. Que las mejores cosas suceden sin que las hayas planeado.

Híbridos, transhumanos, hermanos


Un tema habitual en la ciencia ficción es explorar las fronteras de lo que es humano. Los seres híbridos entre hombre y máquina, hombre y animal, cruces entre diferentes especies, reales o imaginarias, pueblan la literatura de este género; se ahonda en los límites de la humanidad, de la biología y la conciencia, y de la imaginación surgen criaturas que, algunos dicen, podríamos llegar a ver con el transcurso del tiempo. Dados los avances científicos… ¿por qué no?

Estoy leyendo una sugerente novela juvenil, Premio Lazarillo 2015: La vida secreta de las mujeres planta, de Ledicia Costas. ¿Qué son las mujeres planta? Mujeres que, con el paso de los años, se van transformando en árboles, y cuya alma está ligada a un pequeño espíritu o elfo presente en una planta. Hace unos años, Laura Gallego publicó Donde los árboles cantan, coprotagonizada por un joven medio humano medio árbol. Leemos Danza de Dragones, la quinta novela de la serie Canción de Hielo y Fuego, y nos encontramos con los hijos del bosque, esos seres casi inmortales que también se van “vegetalizando” con el paso de los siglos. Mucho más atrás, Tolkien dio vida a los Ent, árboles andantes y sintientes que emprenden una batalla por la supervivencia de su bosque. Y ¿cómo olvidar a la rosa del Pequeño Príncipe?

Los seres mitológicos híbridos no son nuevos. En el mundo mágico y chamánico la transición entre hombre y animal fluye como el agua. Las religiones más antiguas del mundo engendraron dioses con cuerpos mestizos, medio animal, medio hombre. Zeus se transformaba en la bestia que le convenía, cuando quería. Y también los hubo que se convirtieron en flor, como Narciso, o en árbol, como la bella Dafne. Incluso en libros tan poco amigos de la mitología y las fantasías, como la Biblia, encontramos imágenes como el hombre que crece cual árbol frondoso junto al manantial, el grano de trigo que muere y da fruto, frases poderosas, como yo soy la vid, vosotros los sarmientos, y la sugerente comparación de san Pablo: nuestra vida mortal es plantada en esta tierra, como semilla; y brota a una nueva vida, la resurrección. En la medicina china, se dice que el hombre es como un árbol, una especie de puente entre el cielo y la tierra: con las raíces clavadas en tierra, con las ramas tendidas hacia el cielo.

Humanos y plantas, animales y vegetales… Desde el punto de vista evolutivo, todos procedemos de una misma célula, de un mismo ADN. Todos somos formas vivientes, amasados con la misma materia y latiendo con la misma energía. ¿Dónde están las fronteras?

En este gusto actual por los humanos-planta se puede atisbar algo más que una moda. Hay una tendencia, una veta filosófica más profunda que recorre no sólo la literatura, sino el pensamiento y la ética social.

La consciencia de formar parte de un planeta vivo, la ecología y la sensibilidad hacia el medio ambiente son el magma donde surgen estas nuevas fantasías ―nuevas y tan viejas―. También la ciencia, los avances en la genética, en la inteligencia artificial y movimientos como el transhumanismo influyen. Hay en el trasfondo un deseo de conexión con la materia viva, una intuición de hermandad existencial que nos une a la piedra, al roble, al agua y a las flores. Hay, quizás, un anhelo de comunión profunda con todo lo existente, un deseo de reconciliación con la naturaleza frente a la tendencia explotadora y dominante que ha dominado a la civilización humana durante milenios. Quizás hay, también, nostalgia de una vida más sencilla, con menos tecnología, menos virtualidad y más hierba, más hojas, más pies en la tierra y piel bañada de sol.

A fin de cuentas, dicen los genetistas que compartimos un 30 % de nuestros genes con los narcisos, y todos hemos escuchado aquella frase ―literalmente cierta― de que somos polvo de estrellas. Los átomos de nuestra carne quizás formaron parte de una estrella, un asteroide o un cristal de roca, y nuestro cuerpo, si lo esparcen en cenizas o lo sepultan en tierra, algún día será parte de una raíz, de un tallo verde o del mirlo que canta en un jardín.

Anarquía

«No, no es maravilloso. Es un mundo feo. No como este. Colinas áridas y polvorientas. Todo pobre, todo seco. Anarres no es hermoso. Allí tenemos grandes manos y pies… Pero no grandes vientres. Nos ensuciamos, nos bañamos juntos, nadie lo hace aquí. Las ciudades son pequeñas y aburridas, son espantosas. No hay palacios. La vida es aburrida, y el trabajo duro. No siempre puedes tener lo que quieres, incluso lo que necesitas, porque no hay suficiente. Vosotros tenéis suficiente. Suficiente aire, suficiente lluvia, hierba, océanos, alimentos, música, edificios, fábricas, máquinas, libros, ropa, historia. Sois ricos, sois propietarios. Nosotros somos pobres, carentes de todo. Vosotros tenéis, nosotros no tenemos. Todo es hermoso aquí. Salvo los rostros. En Anarres nada es hermoso, nada salvo los rostros. Las otras caras, hombres y mujeres. No tenemos nada más que eso, unos a otros. Aquí ves las joyas, allí ves los ojos. Y en los ojos ves el esplendor, el esplendor del espíritu humano. Porque nuestros hombres y mujeres son libres ―no poseen nada, son libres―. Y vosotros, los poseedores, sois poseídos. Estáis todos encarcelados. Cada uno, solitario, con un montón de posesiones. Vivís en prisión, morís en prisión. Esto es lo que veo en vuestros ojos… ¡el muro, el muro!»

Así describe Shevek, el protagonista de Los desposeídos, su pobre y desértico planeta, Anarres. Un lugar desolado, donde sus escasos veinte millones de habitantes sobreviven intentando hacer real un utópico paraíso anarquista, sin gobierno, sin leyes, sin coacción, basado en la pura solidaridad humana. En contraste, su planeta gemelo, Urras, es fértil y próspero, derrochando belleza y arte. Un paraíso verde y azul que se parece sospechosamente a nuestro planeta Tierra bajo el gobierno de dos superpotencias que se equilibran en una tensa guerra fría, luchando sus batallas en los países pobres del hemisferio opuesto. Anarres es pobre, pero sus gentes son libres; Urras es rico, pero sus habitantes viven atados por su miedo a perder sus posesiones, por mil juegos de poder y convenciones sociales, por su competitividad y las leyes del mercado. En Urras todo se compra y se vende. «¿A dónde ir? A alguien… alguien, otra persona. Un ser humano. Alguien que pudiera dar ayuda, no venderla. ¿Quién? ¿Dónde?»

La cara hermosa del planeta tiene otra cara, pobre y oprimida, que aún sueña en la rebelión. Pero ¿por qué un científico inteligente e inquieto querría abandonar su utopía anarquista para lanzarse al opulento paraíso de las desigualdades sociales?

Ursula K. Leguin, su autora (1929-2018) fiel a sus inquietudes sociales y políticas, expone una serie de temas que no han perdido vigencia, ni la perderán. El desarrollo de la ciencia, la comunicación interplanetaria, la lucha de poder y la lucha de clases, el sentido de la propiedad, el poder de la información, mercantilismo versus altruismo, el papel del hombre y de la mujer, la relación entre ambos sexos… Y aún más: la naturaleza misma de la realidad, del espacio y del tiempo, con frecuentes alusiones a la física cuántica y a la teoría de la relatividad. Y ¿de qué manera la ciencia puede afectar a la ética y a la vida de las personas?

Leguin trata estos temas, con hondura y sensibilidad, en un relato que se va desplegando en dos escenarios, a lo largo de la vida de su protagonista. El nudo dramático se intensifica capítulo a capítulo y las cuestiones lanzadas van convergiendo. Leer Los desposeídos me ha dado largos momentos de reflexión, diálogos jugosos con algunos amigos y me ha dejado con el sabor intenso de algunos párrafos y frases, hermosos e inquietantes. Leguin no es ingenua: critica el capitalismo, pero tampoco idealiza el anarquismo. No en vano el subtítulo de la novela es Una utopía ambigua. Shevek marcha de Anarres porque no puede desplegar allí todo su potencial. La sociedad igualitaria en la que viven no se libra de las debilidades y pecados humanos de siempre: ni siquiera la anarquía tiene antídotos contra el odio, la envidia, la culpa y la vergüenza. Puede no haber gobierno, pero los juegos de poder entre las personas son los mismos. Puede haber igualdad de sexos, pero la tensión entre la feminidad y la masculinidad sigue ahí; puede haber libertad de iniciativa, pero no deja de haber obstáculos cuando un individuo sobresale por su genio entre la mediocridad de la mayoría.

El protagonista se lanza a emprender una misión, apoyado por su compañera y un puñado de amigos, pero, finalmente, solo. Y es en el otro planeta, lejos de su hogar, donde catará esta soledad con más fuerza: «Estaba solo, aquí, porque venía de una sociedad autoexiliada. Siempre había estado solo en su mundo porque se había exiliado a sí mismo de su sociedad. Los colonos habían dado un paso. Él había dado dos. Estaba solo, finalmente, porque había afrontado el riesgo metafísico. Y había sido lo bastante loco para pensar que podría servir para acercar dos mundos a los que él no pertenecía…»

Quizás ese sea su error. No hay verdaderos héroes solitarios. Aunque la revolución se dé en la mente, y sea algo individual, único, no puede llevarse a cabo sin comunidad. Y aunque un hombre se sostenga en su espíritu, solo contra viento y marea, al final necesita una tribu, una presencia cálida donde albergarse, un hogar al que regresar. Shevek comprenderá esto tras poner a prueba su inteligencia y su capacidad de adaptación, tras entregarlo todo, sin miedo a perder nada, porque nada posee. Poseer no es lo mismo que compartir... Choca contra un mundo que no acepta nada gratis, sino que compra cuerpos y almas, y contra otro mundo que renuncia a la libertad por la seguridad, sucumbiendo a la tiranía de una mayoría. Posesividad y cerrazón; competitividad y mediocridad. El desafío es superarlas ambas y encontrar una salida: romper muros.

Un aspecto fascinante de esta novela es la reflexión sobre la naturaleza del tiempo y las relaciones humanas. No puedo dejar de copiar estos párrafos, para concluir mi comentario admirado hacia una novela que, a mi ver, es una de las mejores que ha escrito Ursula K. Leguin. Uno de esos pocos libros que releeré, seguro.
«La plenitud, pensó Shevek, es una función del tiempo. La búsqueda del placer es circular, repetitiva, atemporal. El buscador de variedades, el cazador de emociones, el promiscuo sexual, siempre termina en el mismo lugar. Llega al final y tiene que empezar de nuevo. No es un viaje y un retorno, sino un ciclo cerrado, una habitación cerrada, una celda.
Fuera de esta cámara cerrada está el paisaje del tiempo, donde el espíritu puede, con suerte y coraje, construir los frágiles, improvisados e improbables caminos y ciudades de la fidelidad; un paisaje habitable para los seres humanos.Sólo cuando un acto se da dentro del paisaje del pasado y del futuro es un acto humano. La lealtad, que afirma la continuidad del pasado y del futuro, uniendo el tiempo en un todo, es la raíz de la fortaleza humana; no es posible hacer ningún bien sin ella.Así, mirando en retrospectiva los últimos cuatro años, Shevek ya no los vio como un tiempo perdido, sino como parte del edificio que él y Takver estaban construyendo con sus vidas. Lo bueno de trabajar con el tiempo, en vez de ir en contra, pensó, es que no hay tiempo dilapidado. El dolor también cuenta.»

Oceano Mare

¿Qué tienen que ver una niña ávida y temerosa de vivir, un pintor que pinta el mar sobre lienzos blancos, mojando el pincel con agua salada, un filósofo obsesionado por estudiar los límites de las cosas, una bella mujer que busca curarse del adulterio, un sacerdote medio poeta, un almirante anclado en tierra firme y un náufrago vapuleado por la vida? Un puñado de personajes insólitos se encuentra en una solitaria hospedería junto al mar, un hostal regentado por una niña que habla como una adulta y cuatro chiquillos que se encaraman a las ventanas y que leen los sueños de sus huéspedes.

Ante ellos, en su pasado y en su futuro, se extiende el mar, el mar océano en cuyo vientre reside una verdad pavorosa y sublime que los acecha. El mar que puede curar el miedo, el mar que desvela secretos, el mar que da vida y la quita. Ma qui, nel ventre del mare, ho visto la verità fare il suo nido, meticolosa e perfetta: e quel che ho visto è un Uccello rapace, magnifico in volo, e feroce.

El mar que todo lo abarca y todo lo envuelve: C’è solo il mare. Ogni cosa è diventata mare. Noi abbandonati dalla terra siamo diventati il ventre del mare, e il ventre del mare è noi, e in noi respira e vive.

Baricco siempre sorprende. Sorprende con sus personajes, con situaciones que rayan lo absurdo y lo trágico, con escenas de belleza sobrecogedora, donde la ternura se mezcla con el horror más devastador. ¿Es posible aunar todo esto en una novela? Baricco lo logra, cautivando con su prosa ágil, a ratos serena, a ratos tormentosa, como el mismo océano, envolviéndote en la historia de sus personajes, obligándote a detener la lectura y a pensar. ¿Qué me está diciendo? Porque leyendo a Baricco no basta quedarse con la literalidad del texto. Queda siempre la sospecha de que algo acecha entre líneas… Algo que el autor no señala, pero que está en manos del lector atisbar, intuir o adivinar. Por eso leer a Baricco, además de ser un goce, es un desafío y una aventura. Nunca sabes a dónde te llevará.  

Desde que leí Oceano Mare ya no he vuelto a ver el mar igual que antes. Cuando voy a la playa y me adentro en las aguas no puedo menos que pensar en este mundo acuático que me envuelve, tan bello, tan transparente… azul aquí, en la costa mediterránea. Pero en otros lugares negro, oscuro e insondable. Misterio que envuelve y que devora. Seno líquido donde brota la vida y naufragan los sueños; donde se mecen los cuerpos y se incuban monstruos. Oceano Mare.   

Memorias de África

Era mi película favorita. Pero nunca había leído la novela de Isak Dinesen (seudónimo de la baronesa Karen Blixen) en la que se inspiró. Hace poco leí una crítica de esta obra en una revista y sentí el impulso de comprarla y leerla. Entré en Amazon y en pocos minutos tuve descargadas en mi Kindle Memorias de África y Sombras en la hierba.

Apenas comencé a leer quedé cautivada. Y comprendí mejor la crítica que había leído. No es simplemente que la novela supere al cine, es que la novela… es una obra completamente distinta a la película. Siendo el filme una obra de arte, la novela es otra historia. La verdadera protagonista, y el verdadero tema, que late en cada una de sus líneas, no es la baronesa Blixen, ni su romance con Denys Finch-Hatton, ni su lucha por tirar adelante su granja y su cafetal. La heroína, el tema y la fuerza motora de la novela es África, y es su gente, sus nativos y sus inmigrantes. Los personajes que en la película quedan en un segundo plano, casi desdibujados, en la novela cobran un protagonismo indiscutible. Es la autora la que se retira para ceder el paso a la tierra, al paisaje, a los kikuyus y a los masai, a los somalíes, a los indios, a los misioneros y a los animales.

Está escrita con una elegancia difícil de igualar. Con la dosis justa de lirismo, las pinceladas justas de introspección, la distancia precisa entre el desapego y la emoción. Muestra con la objetividad de un fotógrafo, jamás cae en sentimentalismos ni en efusiones apasionadas, pero tampoco renuncia a la subjetividad. Juan Eslava Galán suele decir, hablando del ego del escritor, que la sombra del hortelano molesta en la huerta. Karen Blixen, siendo autora y narradora a la vez, no arroja su sombra sobre las colinas de Ngong… aunque su presencia se hace sentir en la novela. Es subjetiva, claro que lo es, pero no se nota. Su voz está presente en toda la novela, pero no hace ruido.

Me fascina cómo relata una historia de amor sin utilizar la palabra amor más que en una ocasión, y casi como de pasada, como si se le hubiera deslizado. ¿Cómo explicar un romance sin la palabra beso, sin el verbo enamorarse, sin abrazos y sin sexo? ¿Cómo hablar de una pasión profunda sin recrearse en uno mismo? ¿Cómo contar sin contar, mostrando sólo lo externo, lo que cualquier observador podría ver, sin revelar el secreto de una intimidad ardiente?

Hizo de mi casa su hogar. Cazaban juntos, sobrevolaban juntos la sabana y las colinas, cenaban juntos, escuchaban música, conversaban… y planearon juntos el lugar donde querían ser enterrados al morir. Vamos a ir hasta nuestras tumbas. Con vistas al Kilimanjaro y al monte Kenia, a las colinas, a la llanura y a la granja que asomaba entre el arbolado.

Una tumba en las colinas. Donde un león y una leona acuden cada atardecer a otear la pradera. Una tumba bajo la hierba y una hilera de piedras blancas. Mecida por el viento bajo el sol de África. La tierra que, dejándose explorar, hechiza, posee y se infiltra en la sangre. Ahora esta tierra lo recibía, lo tomaba a su cargo y se unía a él.

Memorias de África seguirá siendo, pese a todo, una de mis películas favoritas. Ahora la novela también será una de mis novelas preferidas. Una de esas pocas a las que, de tanto en tanto, me gustará volver.