Maratón de libros

Llegó la cosecha: este mes de junio lo voy a dedicar a presentar... ¡mis libros! Treinta libros publicados. De lo más variado, porque no soy escritora que se acomode en una sola silla, ni se conforme con un solo género.

Dicen los “expertos” que lo ideal para triunfar es especializarte y destacar en un ámbito; en el caso de los escritores, en un género. ¡Convertirte en una autoridad o una celebridad de “ese campo”!

Lo debo estar haciendo muy mal, pero me es imposible encasillarme a mí misma. Imagino que a un músico o a un pintor le sucedería algo parecido. ¿Pasar la vida componiendo sólo sonatas, o conciertos para el mismo instrumento? ¿Pasar la vida pintando sólo marinas o retratos, y no probar otras cosas?

Pues lo mismo con las letras.

Por eso escribo novelas, cuentos, ensayos, ¡hasta poemas!, y cultivo géneros tan dispares como la novela histórica o la ciencia ficción. Hala.

Quizás no sea una receta para el éxito, pero sí intento que, lo que sea que cocine, tenga buen sabor.

¡Y que los lectores lo disfruten!

Y que deje una pizquita de inquietud, o de pregunta incómoda, hormigueando ahí adentro.

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Cuestiones trascendentales para una escritora

Una conversación inquietante

Hace un par de años mantuve una conversación con cierta persona que conoce en profundidad el mundo editorial y a la que, por discreción, mantendré en el anonimato. Con estas letras va mi agradecimiento hacia ella y el tiempo que me ha dedicado, escuchándome y dándome sus consejos.

Me encontraba en un momento de atasco (no de bloqueo creativo, algo que desconozco hasta el día de hoy), sino de incerteza en cuanto al camino a seguir en mi carrera como escritora. Resumiendo: llevaba años escribiendo casi a diario y acumulando títulos en mi disco duro, publicando poco y resignándome a la autopublicación en Amazon. Mi futuro como escritora era nebuloso. Nunca he dudado que seguiré escribiendo, pero... ¿alguien leerá mis libros alguna vez? ¿Llegaré al público lector como desearía?

Me daba vueltas a la cabeza esa pregunta terrible que quizás te ha asaltado alguna vez: ¿interesa a alguien lo que escribo? ¿Vale la pena escribir para un solo lector? ¿O para unos pocos?

Esta persona «experta» me puso contra las cuerdas. Lanzó varias preguntas que se me clavaron como dardos y durante varios días me aguijonearon por dentro. Son lo que he llamado «cuestiones trascendentales» que todo escritor, supongo, se tendrá que plantear algún día, si no lo ha hecho ya.

Así que ahora las comparto, por si son de ayuda o acicate para quien las lea.

Preguntas punzantes


  •  ¿Quieres darle la vuelta a la situación?
  • ¿Sí o no?
  • ¿Qué buscas como escritora?
  • ¿Quieres seguir escribiendo sin publicar?
  •  ¿Quieres autopublicar en Amazon y pasar desapercibida?
  • ¿Quieres encontrar agente y editor?
  • ¿Quieres tener mucho éxito, muchos lectores, renombre «y» ventas?

Y ahora, yendo más al grano:
  • Los temas que eliges no parecen acordes con las «necesidades» del momento. ¿Qué te acota?
  • ¿Por qué no puedes adaptarte (a las demandas del mercado)?
  • ¿Quieres adaptarte?
  • ¿Podrías escribir algo por encargo?
  • ¿Qué quieres para tu carrera como escritora?
  • ¿Dónde quieres estar dentro de 10 años?
  • Dale una vuelta a todo y míralo «desde la otra orilla».
  • Decide tu estrategia y constrúyela.

Respuestas nada fáciles


¿Te has hecho alguna de estas preguntas, o muchas de ellas? ¿Qué te respondes? ¿Qué te cuesta más? ¿Te rebela contestar alguna?

A mí sí, lo confieso. Cuando me senté a escribir las respuestas, en un ejercicio de introspección literaria y sinceridad conmigo misma, admito que lo hice con pluma airada.

La ira puede ser muy inspiradora. Pero si quieres triunfar en este mundo cautivo de las cifras y las ventas, hay que ser dócil, muy dócil.

Y si quieres ser rebelde, debes estar preparado para afrontar el desierto y la tierra de nadie donde pululan los proscritos, ese lugar tan lleno de peligros como de oportunidades. Tan lleno de vida como de muerte.

Evoco a Shakespeare, experto en escribir por encargo sobre temas mil veces tratados, pero que supo volcar su originalidad y su arte en cada una de sus obras. Pensó en su público, pensó en sus mecenas, pero no se perdió. Triunfó sin dejar de ser él mismo.

Nietzsche lo expresó como nadie... Escribir es danzar entre cadenas.