Un paseo por mis orígenes (también literarios)

Manuel Cuenya, escritor leonés y berciano (del pueblo de mis abuelos, Noceda), me ha entrevistado en el espacio "La Fragua Literaria", de la revista Ileon.

Ha sido una entrevista preciosa, que me ha llevado a mis orígenes, vitales y literarios, y a recordar algunos de los mejores momentos de mi infancia. Todo ello, de alguna manera, se ha reflejado después en mis libros...

Aquí podéis leer la entrevista entera (si tenéis curiosidad, vais a saber detalles de mi vida y de mi infancia que quizás no conocíais).

Y aquí, algunos fragmentos y el cuestionario breve final:

«León, para mí, es la patria de la infancia, donde me formé y crecí, y donde nació mi amor por la naturaleza, las letras y el arte. De León y Astorga tengo muy buenos recuerdos de las escuelas a donde fui (ambas públicas, Santa Marta y San Claudio), de los maestros, y de las amigas que hice allí...», rememora con cariño y a la vez morriña la creadora de Ciudad de estrellas, una novela que naciera como un cuento simbólico, con la que obtuviera el premio Minotauro 2011. Un galardón Internacional de Ciencia Ficción y Literatura Fantástica que le despertó muchas expectativas de cara al lanzamiento de su carrera literaria, pues Minotauro y el Grupo Planeta le hicieron una buena promoción de su libro, pero finalmente no le sirvió de mucho. No obstante, ha continuado escribiendo con pasión.

«Quizás la lección que he aprendido es que ni el éxito ni el fracaso deben ser determinantes para tu carrera de escritor. Si lo eres, lo eres. No necesitas el reconocimiento de nadie para seguir creando», afirma con rotundidad y lucidez Montse de Paz, que se siente satisfecha con Ciudad de estrellas porque es una metáfora de lo que es nuestro mundo o lo que puede llegar a ser, al menos en las grandes ciudades. 

Ciudad de estrellas, ambientada en una ciudad llamada Ziénaga, que se aparece con un cielo blanco durante el día y anaranjado durante la noche, nos hace recordar a dos novelas clave en la Literatura Fantástica y de Ciencia Ficción como son Un mundo feliz, de Huxley y 1984, de Orwell, dos distopías en las que ya estamos viviendo los seres humanos, bajo un control férreo y el yugo de lo artificial, de lo virtual, donde no existe la libertad, ni la espiritualidad, ni las emociones, apartados de la belleza y amorosidad que procura la Naturaleza.

«Un mundo o paraíso artificial y consumista, cerrado en sí mismo, donde se te ofrece todo en el plano material... Pero donde siempre viven personas con el alma hambrienta que buscan algo más y quieren romper las fronteras... Podría entenderse también como una moderna versión del mito de la caverna. O un relato iniciático y una novela de crecimiento, pues gira en torno a un personaje en busca de sí mismo. Y se puede leer como una reivindicación del mundo espiritual, del valor de la naturaleza y de la historia», sostiene esta licenciada en Filología Inglesa, que disfrutó mucho estudiando su carrera, pero que, desde muy jovencita, se ha dedicado de un modo profesional y vocacional a tareas humanitarias.

«Siempre me gustó leer, desde muy niña. Con siete años inventaba cuentos y los ilustraba a modo de cómic. Más tarde escribí otros relatos, siempre los dejaba a medias... Luego llegaron 'los años de silencio'. Aunque escribí mucho por motivos académicos y profesionales, jamás pasó por mi cabeza ser escritora ni dedicarme a la literatura. Hasta que, de pronto, surgió la inspiración. Fue una noche del verano 2004. Ese día apagué la tele ―no la he vuelto a ver más― y encendí mi ordenador, no para trabajar, sino para inventar. Empecé mi primera novela y ya no pude parar de escribir. Creo que algo que llevaba muy adentro surgió con una fuerza explosiva. Tardé un tiempo en asimilar lo que me sucedía. Pero desde entonces sé que no podré vivir un día sin escribir, al menos, unas pocas líneas... Han pasado quince años y sigo ahí», detalla la autora de La rosa de cuatro picos (historia inspirada en los maragatos, muchos de los cuales emigraron a América y fundaron colonias en Argentina como Carmen de Patagones, y aun en Uruguay), para quien escribir es como respirar, «escribir es vida». Y la escritura creativa es más que una forma de expresar lo que lleva adentro, porque asegura que todos tenemos algún talento artístico o creativo que necesitamos desplegar. Y el suyo es la palabra.

«No sé si a los demás les sirve de algo leer lo que escribo o no. Creo que en el mundo del arte el utilitarismo está fuera de lugar. ¿De qué sirve la belleza? Pero las cosas más inútiles también pueden convertirse en las más necesarias.»

Entrevista breve a Montse de Paz

«El consumismo, los medios de comunicación y las tecnologías se confabulan para que seamos una masa de robots distraídos y manipulables.»

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

La 'Ilíada', 'Madame Bovary', 'Los hermanos Karamazov', 'El Señor de los Anillos', las 'Sonatas' de Valle Inclán. Y algunos libros de la Biblia.

Un personaje imprescindible en la literatura (o una persona en la vida).

¿En la literatura? Don Quijote.
¿En la vida? Jesús de Nazaret.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

No lo sé... He leído libros que no he sido capaz de terminar, pero prefiero no mencionarlos. Todo autor, como persona y como creador, es respetable, aunque su obra no te guste.

Un rasgo que defina tu personalidad.

La fidelidad.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

Que sea capaz de apasionarse y entregarse.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

La política: es un circo de poder, un 'Juego de Tronos' con guión malo y aburrido. Lo que debería ser una vocación de servicio a la sociedad se ha convertido en un feudalismo donde todos luchan contra todos por arrebatar un pedazo del botín. ¡Primitivo y penoso!

La sociedad: hay un enorme potencial. La gente no es tonta, la gente tiene sed de sentido, de vida, de crecimiento. Y tenemos más información y recursos que nunca. Pero al mismo tiempo hay una enorme desorientación y demasiados factores que nos adormecen y nos atontan. El consumismo, los medios de comunicación y las tecnologías se confabulan para que seamos una masa de robots distraídos y manipulables. Las ideologías de todo tipo hacen estragos en la mente. Vivimos sometidos al "pan y al circo" y pocos hacen el esfuerzo de despertar y salir de esa corriente. Aún y así personas despiertas, ¡haberlas, haylas! Esa es la esperanza.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

¡Escribir! Y leer. Y caminar por la montaña, viajar, contemplar una obra de arte... Jugar con los niños. Y hablar con un buen amigo sobre temas que me apasionan.

¿Por qué escribes?

Es una necesidad vital: crear mundos, personajes y vidas que expresan de algún modo las inquietudes que llevo adentro, y compartirlas con los lectores.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

En mi caso no, porque no estoy presente en ellas. Supongo que si entrara, me ayudarían a condensar las ideas en pocas palabras... ¡Un buen ejercicio literario!

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

En estos momentos, la historia y la Biblia. También me inspiran mis experiencias vitales y lecturas muy variadas, conferencias o conversaciones que he mantenido, reportajes... A veces, los sueños. Mis fuentes son una mezcla de todo ello y, como ves, no siempre son literarias.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Hay blogs literarios muy buenos, pero no los sigo con regularidad. El mío lo voy actualizando, con no mucha frecuencia, quizás una o dos veces al mes. Empecé explicando mis experiencias a la hora de publicar los primeros libros, y luego he añadido toda clase de temas. Se centra en tres líneas: literatura, cómo llegar a publicar y una miscelánea (arte, experiencias, etc.)

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Todo existe por amor, y está llamado al amor.
(Aunque cueste verlo.)

Nota: la foto de Noceda vista desde la sierra es gentileza de Roberto González Santalla.

La vida

La vida es bonita.

Lo dice una señora de ochenta años, enferma del corazón, que vive sola y se levanta cada día con esfuerzo, capeando los dolores que aquejan su cuerpo.

La vida es bonita, dice.

Y le brillan los ojos. Sus hijos viven lejos, ocupados con trabajos y niños. Camina despacio por la calle, con su abrigo y un pañuelo de seda al cuello. Lleva pendientes y se maquilla con discreción.

Si algún día no vengo, es que me he muerto, le dice al cura de su parroquia. Ya me diréis una misa. Sonríe. Pero no quiero morirme todavía.

¡La vida es bonita!

«A Donald Trump no le gusta leer»

Comparto un artículo de Jordi Nadal, presidente de Plataforma Editorial. Ha sido publicado en La Vanguardia el día 2 de febrero y me parece de lectura imprescindible.

Reproduzco aquí el texto con autorización del autor. ¡Gracias!

A Donald Trump no le gusta leer


Así reza uno de los provocativos carteles de la cadena de librerías alemana Thalia, que factura la friolera de más de 700 millones de euros anuales. La campaña está encabezada por el lema “Mundo, mantente despierto” ( Welt, bleibt wach) y, entre otras propuestas sorprendentes y provocativas como la que encabeza este artículo, hay otras ideas poderosas como “Apaga la Manzana, enciende la Pera” jugando con el logo de Apple y la idea de la bombilla como luz y mente.

Cuando le preguntaron al consejero delegado y socio de Thalia, Michael Busch, sobre el porqué de un lema global tan grande, contestó: “Está claro que como sector editorial no podemos resolver las grandes cuestiones políticas. Pero podemos realizar una aportación. Veo tres puntos esenciales: en primer lugar, debemos preocuparnos de que la discusión pública no sea cada vez más super­ficial, porque la superficialidad es tierra abonada para el radicalismo. En segundo lugar, debemos analizar en profundidad los problemas que deben ser correctamente identifi­cados. Los libros sirven para ello y las editoriales han aportado mucho (…) Y en tercer lugar, debemos conseguir que la lectura y el libro vuelvan a entrar con fuerza en la conciencia de las personas”. 

¿Quién dijo que no se leen libros y que estos no son poderosos? ¿Cómo se podría sintetizar de un modo claro y emblemático en qué consiste el trabajo de editor? Editar es avanzar.

Avanzar porque leer es crecer, es alimentar la curiosidad, es dotar a nuestra mente y nuestras emociones de mayores circuitos y recursos. La mayor diferencia entre la mente de un niño educado en una familia rica o pobre estriba en las palabras que conoce. Una mente pobre no tiene palabras. Y una mente rica tiene un universo de palabras que, a su vez, combinadas y hechas propias, se convierten en la llave maestra que abrirá buena parte de las puertas y situaciones que te presenta la vida.

Juan José Millás nos recordaba que la realidad está hecha de palabras, de modo que quien domina las palabras domina la realidad. Por eso sentimos como un regalo absoluto el haber descubierto los libros y la lectura. Por muchísimas razones: podemos leer porque queremos alimentar nuestra curiosidad, porque queremos crecer, porque queremos evadirnos, porque queremos entender otras ­cosas y otras personas y culturas, porque ­queremos escuchar otras vidas.

Las razones son muy diversas y podrían englobarse en aquella frase que le dijo una vez un niño a un escritor infantil: “Leer es querer que el mundo no se acabe nunca”. Leer es la manera de explorar lo que no sabemos, lo desconocido y lo que te permite entender la complicada interacción de las cosas.

Cuando un autor argentino intentaba convencer a unos alumnos de bachillerato, inapetentes a su discurso, sobre las bondades de la lectura, los primeros intentos del autor le salían blandos, y los jóvenes no parecían hacerle mucho caso, pero llegó el momento que, ante esa audiencia concreta, el autor pronunció las palabras mágicas: “Muchachos, lean para que no les caguen”. Capturó su atención cuando les invitó a que lean para que sean ellos los capitanes de su destino. Para que no sean actores secundarios de su vida.

Lo dijo de otra forma una actriz de varietés cuando le preguntaron qué pensaba sobre las ventajas de la lectura. La vedette lo expresó así: “Yo siempre le digo a mi hija: ‘Estudia, hija mía, estudia, que, con el tiempo, te caen las tetas, pero no la cabeza’”. Es decir, leer frente a la fuerza de la gravedad.

Sin lectura no hay profundidad de campo, ni contraste, ni matices. Sin lectura caemos fácilmente en el fanatismo. Ya saben, fanático es aquel que no quiere cambiar ni de tema ni de opinión. Los fanáticos leen poco o mal. Sin lectura, triunfan con naturalidad el tuit y el odio. Leer, además, es reparador y sano. Leer –cada día hay más estudios científicos que lo avalan– es bueno para la salud. Los lectores viven dos años más de promedio. Leer es una manera limpia de disfrutar la vida. Disfrutarla como forma superior de búsqueda para aprender a gobernar un poco mejor, con ­humildad y agradecimiento, una vida propia en libertad.

Un estudio PISA revelaba que, más allá de los indicadores de lugares, países, etcétera, y las competencias lectoras, una casa con menos de 20 libros es indicio fiable de un más que casi seguro fracaso escolar y, en cambio, una casa con más de 200 libros equivale casi seguro a éxito académico. A tres años más de estudios.

Si esto es así de contundente, ¿no sería hora de que Ikea, que ha vendido más de 60 millones de estanterías Billy en 38 años, la rebau­tice con el nombre de PISA y nos invite a que esas estanterías –u otras de otras empresas que hagan estanterías– se llenen de libros (de futuro) y se nos invite a aprender y a disfrutar más?

Por eso los libros nos facilitan algo que es sumamente raro –hoy y siempre–: una conversación verdadera. ¿Cuánto tiempo hace que no hemos tenido una? Muchas cosas esenciales en la vida las podemos leer en esas simples páginas que encierran la verdad última de un autor y su mundo.

Cuando leí a Elena Ferrante y su maravillosa saga Dos amigas, abrí una tetralogía con la que viví algunos de los mejores momentos de mi vida. Y sentí con absoluta claridad que nunca me habría podido ser más entregado el ser testigo íntimo de unos universos femeninos tan poderosos. Es de lo mejor que me ha pasado en una década lectora.

Cada lector tiene la oportunidad, única  intransferible, de ser el dueño de un mundo cuando se sumerge en la intimidad de la lectura, y, como dijo magis­tralmente el gran autor C.S. Lewis, “leemos para saber que no estamos solos”.


Publicado en La Vanguardia, 2 de febrero de 2019


Voló, con los ánades salvajes...

Mary Oliver, cantora de la belleza de las cosas y de la vida efímera, tal como es, ha muerto.

 Quienes aman sus versos dicen que ella quizás ha muerto... pero no sus poemas.

 

THE JOURNEY

One day you finally knew
what you had to do, and began,
thoug the voices around you
kept shouting
their bad advice —
though the whole house
began to tremble
and you feld the old tug
at your ankles.
"Mend my life!"
each voice cried.
But you didn't stop.
You knew what you had to do,
though the wind pried
with its stiff fingers
at the very foundations,
though their melancholy
was terrible.
It was already late
enough, and a wild night,
and the road full of fallen
branches and stones.
But little by little,
as you left their voices behind,
the stars began to burn
through the sheets of clouds,
and there was a new voice
which you slowly
recognized as your own,
thak kept you company
as you strode deeper and deeper
into the world,
determined to do
the only thing you could do —
determined to save
the only life you could save.

No se puede traducir... aunque la tentación está ahí. Y caigo.

El viaje

Un día finalmente supiste 
lo que tenías que hacer, 
y empezaste,
aunque las voces 
a tu alrededor
seguían gritando
su mal consejo,
aunque la casa entera
empezó a temblar
y sentiste ese viejo tirón
en los tobillos.
¡Arregla mi vida!,
gritaba cada voz.
Pero no te detuviste.
Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento azotaba
con sus dedos rígidos
los mismos cimientos,
aunque su nostalgia 
era terrible.
Ya era muy tarde,
y la noche era salvaje,
y el camino estaba lleno 
de ramas caídas
y de piedras.
Pero poco a poco,
a medida que dejabas atrás 
las voces,
las estrellas empezaron a arder
a través de los velos de nubes,
y sonó una voz nueva
que poco a poco
reconociste como la tuya,
que te acompañaba
mientras te adentrabas 
cada vez más en el mundo,
decidida a hacer
la única cosa que podías hacer,
decidida a salvar
la única vida que podías salvar.


Historia de una tribu

A todos mis amigos tribales... y de otras tribus


Érase una vez un grupo de locos amantes de las palabras. Estaban siempre hambrientos y devoraban con fruición cuantos libros caían en sus manos.

Un día, estos locos se encontraron en un foro literario, donde dieron rienda suelta a su desmedida prosofagia, y de donde salieron cientos de relatos, coloquios, debates… y ¡hasta fundaron una revista! 

La revista llegó a su mayoría de edad. ¡18 números! Luego el foro cerró… Toda historia tiene su cara, y su cruz. Pero algunos miembros de la variopinta tribu decidieron que había que inventar algo nuevo.

Celebraron cónclave en cierto archipiélago de islas que no aparecen en los mapas corrientes… Allí, entre selvas y cumbres humeantes, se toparon con un mono gracioso y saltarín que les inspiró la malévola idea.

De allí salieron dos criaturas más: una de muerte, y otra de miedo. ¡Estaban llenas de vida! Abrieron las alas y, cual dragones, elevaron el vuelo sobre la jungla amazónica, donde acabaron encontrando guarida tras planear sobre los cinco continentes.

Monki el mono sabio continuó haciendo de las suyas, y así es como la tribu, por puro amor al arte (¿puede hacerse arte sin amor?) parió otra criaturita tan entrañable como los Clicks de Famóbil de nuestra tierna infancia: ¿fue el último regalo?

Todo en esta vida acaba, los años pasan y cada loco con su tema. Los miembros de la tribu abandonaron su refugio en las islas y se dispersaron navegando por el mundo. Pero las letras no mueren, las amistades laten como brasas en la ceniza y las adicciones… tampoco se apagan fácilmente. Los prosófagos siguen devorando libros ―tanto en papel como en pantalla― y, quién sabe, quizás un día vuelvan a reencontrarse en las islas, para contarse sus aventuras y, a lo mejor, engendrar otro dragón alado, con hojas de papel o sin ellas, pero con muchas, muchas palabras titilando entre sus escamas. Monki les estará esperando.

 

3 de diciembre de 1946

Sé que me salgo de tema. Pero en literatura continuamente estamos hablando de engendrar, parir, gestar, dar a luz... ¿Qué es la literatura, que es el arte, sino una forma de maternidad? De otro modo, sí. Pero no deja de ser una cuestión de vida... y de lucha encarnizada contra la muerte y la fugacidad.

Y como es una cuestión de vida, y de maternidad, hoy quiero dedicar esta entrada a la mujer que hizo posible que yo estuviera en este mundo. Una parte de ella está en mis letras, seguro.

Desafiante ante la vida. Con su hermano Jaime (1948).

3 de diciembre de 1946


Ese día nació una niña nació en el seno de una familia emprendedora, en un pueblo de la Cataluña profunda, a los pies de una montaña santa. Le pusieron el nombre de otra montaña santa, el nombre de su madre y el nombre que llevo yo. Ese día, una parte de mí también empezó a vivir.

En realidad, fue antes. Tal vez el 3 de febrero de 1946. Cuando esa niña fue engendrada, en su cuerpo se empezaron a formar miles de pequeñas células semilla, una de las cuales sería parte de mí.

Estoy de fiesta, porque en un día como hoy nació mi madre. Una niña destinada a ser una perfecta ama de casa, pero que se atrevió a sacudirse la tradición de encima y se aventuró a estudiar, trabajar, iniciar una carrera y labrarse su futuro. Una chica demasiado seria para tener novios de baile y veraneo, pero que encontró, muy joven, al único y enorme amor de su vida. Un amor del que hoy continúa tan enamorada como hace más de cincuenta años… Lo sé porque lo veo en sus ojos, cuando mira a mi padre. Como todo matrimonio añejo, a veces discuten. Pero lo que veo en su mirada me dice otra cosa.

En un día como hoy nació una mujer que ha sido artista, obrera, esposa y madre de familia numerosa. Aprendiz diligente y maestra de muchos. Disciplinada y a la vez creativa. Una mujer que, por encima de todo, ha sido valiente, y muy amada. Una mujer que un día pudo escribir: «He hecho todo lo que he querido». Y lo ha hecho, a veces, contra viento y marea.

Mi madre es hermosa. Hermosa a pesar del paso del tiempo. Y fuerte, pese a las fragilidades de la edad. Fuerte porque elige sonreír. Fuerte porque elige siempre la mejor parte, de las personas y de las cosas. Fuerte porque, entre las luces y las sombras de la vida, hace como las plantas, que tanto ama y tan bien sabe cuidar: siempre se alarga hacia la luz. Con el paso de los años todos declinamos. Perdemos fuerza, perdemos memoria y a veces también perdemos los proyectos. Pero hay algo en lo que siempre podemos crecer. Y mi madre, en ese algo ―que es lo más importante, a fin de cuentas―, ha elegido crecer. Seguirá ofreciendo flores, como los viejos almendros, hasta el final.

¡Gracias!


En 1968. Y al lado, Navidad 1970, conmigo en brazos.

Cada libro es una batalla

Cuando mi primera mentora, Montserrat Rico, me daba sus consejos, me comentó algo que no olvido: cada nuevo libro, cada novela que quieres publicar, es otra batalla que librar. Nunca pienses que, por haber logrado publicar un libro, ya tienes la vida resuelta. Es la gran ilusión: como ya me reconocen, como ya he “entrado” en el mundo editorial, se me abrirán todas las puertas. ¡No siempre es así!

Puedo decir que he pasado por casi todas las fases y experiencias. Véase:

Los afanes de la novel que va a la búsqueda de editorial, enviando decenas de originales y llamando a muchas puertas, para cosechar un buen puñado de “no”. Eso me pasaba hace diez años y me sigue pasando hoy… Hay que saberlo. Si quieres acertar un golpe, ¡tienes que dar por lo menos una docena más!

He conocido la tremenda alegría de que una editorial, sin conocerte, se entusiasme por tu libro y te quiera publicar. Eso me ha ocurrido en tres ocasiones, por lo menos, ¡y siempre gratifica!

He conocido la seguridad y el respaldo que ofrece una agencia. ¡Cuántas ilusiones y esperanzas los años que me vi representada por Sandra Bruna! Tres libros, entre ellos uno premiado, no son mala cosecha.

Sé lo que es recibir retorno de los lectores. La emoción del comentario de un lector al que ha entusiasmado tu obra… sus observaciones, su entusiasmo. ¡O que te hagan un pequeño vídeo de tributo a la novela!

He paladeado las mieles de un premio literario. Para muchos un premio es una plataforma de lanzamiento hacia el éxito, un paso para consolidar su carrera. En mi caso, me lancé… al vacío. El premio ahí está. Mi trofeo cría polvo en un armario. Ni me ayudó, ni me hundió. Quisiera creer que al menos me permitió publicar un libro cuya lectura disfrutaron unos cuantos…

Después del premio he conocido la decepción y el desamparo de sentirte “descartada” porque no eres rentable como autora o porque lo que escribes no gusta. La historia con la agencia terminó. No hubo más publicaciones con la editorial que me premió. Y volví a la intemperie.

He conocido el silencio creativo de los años en que sólo te queda escribir y seguir escribiendo… aunque no tengas esperanza de publicar.

He conocido lo que es autopublicar, y me he lanzado a la selva de Amazon. Otro aprendizaje que me parece imprescindible. Porque el mundo está cambiando y el editorial no es ajeno a estos cambios. La publicación independiente es un campo de oportunidades.

Pero también es un campo duro, difícil de cultivar. Por mi carácter y mis condiciones, no poseo una gran red social ni tiempo para dedicarme a ello, así que mis libros autopublicados se pierden entre millones de títulos, como una brizna de hierba en medio de la estepa rusa. Sólo unos pocos amigos y conocidos han sabido de su existencia, y menos aún los han leído.

Finalmente, he conocido lo que es… ¡volver a empezar! No de cero, porque he recurrido a mis contactos previos con editoriales y agencias, incluso a algunos amigos. Gracias a ellos he podido volver a vivir la ilusión de los comienzos: ¡publicar por cuenta ajena! Con editoriales serias y reconocidas en su ámbito, y sin respaldo de agente. Simplemente porque los originales que les he presentado les han convencido.

Volver a publicar. ¡Otro feliz embarazo, otro parto! Estoy viviendo estos meses de espera. Invierno laborioso de revisiones, mirar posibles cubiertas, corrección de maquetas… En primavera, dos criaturas nuevas saldrán a la luz.

Si eres escritor novel y lees esto, recuerda que no debes desanimarte nunca. No dejes de escribir. No dejes de mejorar. No dejes de buscar salida a tus libros. Y tampoco te  duermas en los laureles, si has logrado publicar una vez. Como me dijo mi mentora: ¡cada libro es una batalla! La única derrota es no luchar.

Si eres escritor ya publicado y consagrado, posiblemente te reconozcas en algunos párrafos. Y posiblemente vas muy por delante de mí en este camino. Aunque no hay dos caminos iguales, y cada escritor ha de labrarse el suyo. ¡Compartimos esta aventura! 

Fantasmas

1 de noviembre. Media humanidad, o quizás más, celebra hoy la fiesta de Halloween. Quizás sin saber muy bien qué celebra, o qué sentido tiene esta efeméride tan folclórica y a la vez comercial. Si dejamos aparte las calabazas y los disfraces, las películas de miedo, las máscaras terroríficas y las velas entre telarañas sintéticas, atisbamos en el Halloween un significado más trascendental. Ya sea el sentido cristiano de Todos los Santos (que es lo que significa precisamente la palabra Halloween, en inglés), o la evocación pagana del céltico Samhain, esta es la fiesta de la vida latente, de la muerte que no es un final, sino el preludio de un nuevo comienzo, el umbral de otra vida que se abre camino en la oscuridad.

Halloween es la fiesta del medio otoño, cuando los días decrecen y la naturaleza ―al menos en el hemisferio norte― declina y las hojas caen. Inaugura un mes de difuntos y de recuerdos, un mes de recogerse en casa y acurrucarse bajo una manta, en el sofá o en la cama, mientras el viento y la lluvia caen y los vientos anuncian la llegada del invierno. Sí, noviembre es el mes del Winter is coming. Un buen mes para empezar a meditar. Un buen mes, por qué no, para empezar otra novela.

El otro día pregunté a un grupo de niños qué creían que significaba esta fiesta. ¡La muerte!, exclamaron varios de ellos, sin vacilar. El miedo, dijo algún otro, con la boca pequeña. Muerte y miedo. Nos asustan tanto… ¡pero nos atraen tanto! La literatura y el arte nos hablan de la fascinación vertiginosa que la muerte ejerce sobre el ser humano. Quizás porque es un límite, una frontera hacia lo desconocido. Y toda frontera siempre ha sido un territorio de nadie y de todos, una patria sin nombre que a todos fascina y a la vez intimida.

Muerte, miedo, fantasmas. Muertos que viven, o que jamás murieron del todo. Los niños son tan amantes como los adultos de los relatos de miedo. Yo también lo fui, aunque me aterraban. Mi padre nos explicaba que, en esta época del año, mi abuela y otras mujeres del pueblo contaban al amor de la cocina cuentos de ánimas y aparecidos, con tal viveza y detalle, que a todos se les ponía la piel de gallina. ¡Después, qué difícil era salir de la confortable cocina y aventurarse por los pasillos, gélidos y oscuros, para ir a dormir! Pegar ojo, tras escuchar esos relatos, era tarea poco menos que imposible.

Mi primer cuento, o al menos el primero que recuerdo haber escrito, con siete años, fue un cuento de fantasmas. Mejor dicho, de un fantasma… y una princesa. Lo conservo, como pequeño tesoro, en un archivador, y me he permitido escanearlo y comentarlo. En los enlaces de abajo podréis verlo. Lo «publiqué» en hojas de libreta blancas (hoy ya no lo son) y en formato cómic, como podréis ver. Con «intermedio para la publicidad» incluido, en el que me recreé con mis diseños de vestidos de bailes y fiestas. La moda y la belleza me gustaban tanto como la lectura, en aquel entonces.

La princesa y el fantasma. ¿Un fantasma aterrador que secuestra a una princesa indefensa? ¡No! Al revés: un fantasma que intenta asustar a todo el personal del castillo, pero que se topa con una princesa rebelde que no sólo lo persigue, sino que… ¡lo salva! Lo salva y lo devuelve a su forma humana original, perdida por obra y arte de un malvado brujo. El final del cuento se extravió, pero lo recuerdo bien porque lo dibujé, y esta vez sí que caí en el tópico del final en boda. «Y comieron perdices y fueron felices».

¿Reminiscencias de los mitos antiguos, donde la diosa Ishtar desciende a los infiernos para rescatar a su amado? A mis siete años jamás había oído estas leyendas. Pero quizás el inconsciente colectivo se agitó a través del subsuelo de la literatura universal… y alcanzó la imaginación de una colegiala de siete años que empezaba a inventar sus propios cuentos.  

Lo comparto. Espero, al menos, arrancaros una sonrisa ante la ingenuidad del relato, la minuciosidad de algunos dibujos y las faltas de ortografía recurrentes, como ese… «¿As oído?», ante el «majestuoso» grito que resuena sobre el lago.

 


Aquí el inicio: un comienzo perfecto in media res con planteamiento y nudo... Observen la reacción de la criada que sale corriendo, y el detalle del príncipe (a la izquierda, con un hermanito bebé en brazos).


Vean el detalle de las flores y las ventanas... ¡Un castillo muy hogareño! Y el curioso emblema que el fantasma exhibe colgado a la espalda, con  toda pompa.


La princesa se desvela... ¿quién será que está a la puerta?


Recorre el palacio en camisón, vela en mano. ¿Será el fantasma?


Lo busca y no lo encuentra. Se acerca al lago... entre las aguas asoma.


Siempre hay un aguafiestas. ¿quién duerme con la princesa, en su misma cama y habitación? ¡El hermano antipático! No, no piensen mal... Para mí, en aquellos tiempos, compartir cama con un hermano (o hermana) era lo más normal del mundo, cuando dormíamos en la casa de mis abuelos. Miren el detalle de las dos mesitas de noche.


El hermano va en busca de su hermana cazafantasmas...


¡Qué broncón! Justo cuando ella iba a lanzarse al agua...


Sin comentarios.


¡Y no lo vuelvas a hacer!


¡Pausa para la publicidad! Aquí, modelos de baile cortos...


¡Y los largos de gala!


Continúa el relato. ¡Acusica Barrabás, al infierno irás! 
(Y hablando de infiernos y diablos, ¿han reparado en el personaje que asoma en el reverso de la hoja? ¿Saben quién es?)


La reina, muy justa ella, quiere comprobar la culpabilidad de su hija. Obsérvese el cuadro exótico: como una fumadora de opio, la princesa hace burbujas de jabón en una especie de palio oriental... ¿De dónde sacaría esa idea?


Conversación trascendental entre madre e hija.  Yo sólo quería hacer el bien...


Segunda noche. La princesa piensa salirse con la suya. Haré el bien descubriendo al "fantasmito".


¡Segundo intento!


Llega al lago y... 


Avanzando por el mundo subacuático.



«Aquel majestuoso grito despertó al castillo entero...»



También los prisioneros, en su mazmorra, lo oyen. ¿Parecen salidos de una sesión de bellydance? 
Son cautivos moros... 


La reina está desolada. ¡Su hija ha desaparecido! De poco sirven los tibios consuelos del rey y la criada.


Una esclava mora se ofrece a ir a buscar a la princesa. El rey se muestra muy tolerante: ¡le da tres oportunidades! Si falla... le cortará la cabeza. Véase el detalle de la criada barriendo, dulcemente sumida en su quehacer.


La esclava sabe dónde buscar. ¡Se lanza directa al lago! Las babuchas salen volando...


Y avanza en las profundidades acuáticas... Esto fue un hilo argumental inesperado que se rompe aquí. ¡Un agujero en la trama! La prisionera que quiere salvar a su ama...¿Qué historia hubiera nacido de haberlo seguido?


¡La princesa se enfrenta al fantasma! ¿Voy a permitir que asustes a los míos?


He aquí que el fantasma salió literato. 
¿Podéis leer su misiva, siguiendo el orden (1) y (2)?


¡Reencuentro feliz! 

... 

The End

Si habéis llegado hasta aquí, en esta entrada inusualmente larga y cargada de imágenes, habréis visto uno de mis primeros relatos inventados. De aquí surge mi vocación literaria, aunque, como el río Guadiana, discurrió por cauces ocultos y subterráneos durante décadas, hasta resurgir, cierta noche de agosto del año 2004... Pero esa es otra historia.

Vuelvo a publicar libros


Hace diez años inauguré este blog, explicando cómo inicié mi andadura escritora y cómo logré publicar mis primeros libros.

No se puede describir bien la emoción que se siente al publicar el primer libro por cuenta ajena: es decir, cuando una editorial apuesta por tu obra, confía en ti y lanza un libro precioso que se reparte por todas las librerías del país. Muchos la comparamos al entusiasmo que despierta el tener un primer hijo. Cada libro es una criatura que sacamos a la luz, un hijo que entregamos al mundo.

Después de diez años, y tras pasar varios años de cierta sequía en cuanto a publicar ―que no en cuanto a escribir― este año he recibido dos buenas noticias. Voy a publicar dos nuevos libros, con dos editoriales consolidadas y en estupenda sintonía con mis editores.

¡La ilusión es la misma! La misma que sentí cuando Espasa decidió publicar mi Estirpe Salvaje. La misma que me hizo vibrar durante días cuando Minotauro me anunció que premiaban mi Ciudad sin estrellas. La misma. Cada libro es único, con cada uno se reproduce el entusiasmo y la expectación.

Esta vez, además, he conseguido publicar sin agente. En esta entrada expliqué mi despedida de la agencia que me representó durante años. Desde entonces, he intentado espabilarme por mi cuenta y he autopublicado algunos libros en Amazon. El año pasado Plataforma Editorial me publicó un libro de no ficción, Digerir la vida, y el Grupo Loyola reeditó uno de mis primeros libros revisado y ampliado, Mujeres de Dios.

Mis primeros libros publicados

¡Pero ahora las esperanzas de volver a publicar novelas por cuenta ajena renacen en mí!

¿Cómo lo he conseguido? Básicamente apoyándome en tres recursos: tenacidad, mente abierta y la ayuda de buenos amigos.

El primer libro que voy a publicar ―espero que sea este otoño, o quizás por Navidad― no es de ficción. Es un ensayo peculiar inspirado en la Biblia que saldrá publicado por la Editorial Desclée de Brouwer. Lo que hice fue enviar una propuesta de publicación y una sinopsis del libro a unas doce editoriales religiosas. Me respondieron cinco. Me pidieron el original tres. Y una de ellas, apenas una semana después, me contactó. El editor dijo que no necesitaban pensárselo dos veces, les encantaba la obra y querían publicarla.

El segundo libro que voy a publicar es una novela histórica que me ha llevado tiempo y esfuerzo escribir, pero que es muy especial para mí. En esta entrada hablo de ella. La presenté a varios premios. La envié a unas cuatro o cinco editoriales, que no me la aceptaron. Ya me resignaba a tener que autopublicarla cuando un buen amigo me dio el contacto con EDHASA, la editorial que le publica a él, una casa especializada en novela histórica. Les envié el original, esperé unos meses… y cuando ya no esperaba nada, mensaje y llamada: ¡Les gusta, y quieren hablar conmigo para ver la posibilidad de publicarla! Hace unos quince días tuve la entrevista con la editora y el presidente del grupo editorial. Fue una conversación deliciosa, en la que tratamos de mil temas que nos apasionan, aparte de la novela en sí. Ya he firmado el contrato. Saldrá el año que viene, previsiblemente en primavera ―Sant Jordi sería una fecha ideal―.

¿Qué lecciones saco de todo esto? Algo que ya sabía, como explico en una de mis primeras entradas. Cuando buscas editorial… ¡fuego a discreción! No te conformes con dos, tres o cuatro. Amplía tu campo de búsqueda. Pide ayuda y contactos a tus amigos, apóyate en tus redes. ¡Las mejores oportunidades pueden venirte de la mano de un amigo solidario! Y luego, aguarda las respuestas, espera, ten paciencia. Si la obra vale la pena, todo llegará y encontrarás quien te la publique.

Un colega de los foros literarios que frecuenté hace años tiene un blog titulado «A Hemingway le negaron veintisiete…» ¡Veintisiete «no» para conseguir un sí! ¿Cuántas opciones hemos probado antes de rendirnos? Seguramente menos de veintisiete. A veces no hace falta tantas.

Mis blogs


¿Alguna vez te has sentido como uno de esos robles centenarios, de amplia copa y que echan ramas en todas direcciones? ¿Has notado cómo un torrente de energía te recorre y necesitas dispersarla hacia todas partes?

Hay personas centradas que labran su camino por la vida y alcanzan todo cuanto se proponen. Y otras, como yo, y quizás como tú, lector, que irradiamos nuestra creatividad de forma fluctuante y caótica. La disciplina nos ayuda, pero a veces no podemos domesticar nuestros impulsos. La imaginación se sacude las riendas una y otra vez…

¿Te has sentido alguna vez así?

Lo cierto es que, si quieres enfocar tu carrera, como escritor, como artista o como profesional de lo que sea, necesitas encauzar tu creatividad. Necesitas disciplina. Y necesitas orden. Si quieres conseguir un objetivo centrarte es esencial. Una flecha no puede apuntar a dos blancos a la vez.

Mientras pienso qué hacer, cómo dejarme ayudar y hacia qué diana apuntar, en esta entrada voy a exponer todos mis blogs. Un reflejo de mis múltiples intereses… y de mi dispersión intelectual y creativa.

Ahí están, incluso los que permanecen desiertos y olvidados, porque no los abrí pensando en nadie más que en mí misma, sin un interés especial por que fueran leídos. Curiosamente, uno de estos es el que cuenta con más visitas.

Allá van.

Mi primer blog, abierto poco después de entrar en los foros literarios, donde colgué muchos de mis cuentos: Leyendo bajo el arce.

Mi segundo blog (este), donde empecé explicando mis peripecias como escritora novel que quiere publicar y lo consigue… y he acabado escribiendo de todo, una miscelánea enfocada más bien en literatura. Andanzas de una escritora.

Mi tercer blog, sobre mi primera novela publicada y los comentarios que recibió, incluido vídeo de youtube de una lectora entusiasta: Estirpe Salvaje.

Mi cuarto blog no tiene que ver con las letras, sino con la música. Es una recopilación de las «músicas guapas» que me han marcado y que de tanto en tanto me gusta escuchar por YouTube. Otro cóctel que solo abrí para uso personal: El rincón de la gramola.

Este blog lo abrí para mantener en contacto una red de más de ochocientas personas que realizaron mis cursos de gestión de ONG. Durante un tiempo muy activo y frecuentado, hoy… ahí está. El anillo solidario.

Otro blog sobre la actividad de la fundación en la que colaboro, ARSIS. El blog de ARSIS.

Séptimo blog. Lo abrí para dar curso a mi afición por la Biblia y anotar todo cuanto se me ocurría a partir de los libros y cursos que he realizado sobre el tema. Apuntes de Biblia (récord de visitas en algunas entradas, incluidas descargas de los PowerPoints).

Siguiendo con el tema espiritual, este es uno de mis blogs más antiguos, donde he colgado todo tipo de escritos, incluidos algunos de los que luego fueron publicados en el libro Mujeres de Dios. Mujer y espiritualidad.

El blog de mi novela El heredero del clan. Durante un tiempo, colgué algunas entradas sobre el mundo vikingo. Si tuviera tiempo y ganas, ¡podría colgar muchas más!

El blog de mi novela premiada Ciudad sin estrellas.

Este es un blog «filosófico», muy simple y casi para escolares pero, al parecer, útil para los navegantes que dan con él: Apuntes de filosofía occidental.

Finalmente, abrí este blog sobre el tema de mi último libro publicado por cuenta ajena, Digerir la vida. Sobre mi experiencia y lo que he aprendido para lograr tener… ¡buenas digestiones!

Alguien podría pensar que con todo este lío me paso la vida blogueando, pero no es así. Sigo escribiendo libros (entre uno y dos nuevos al año), reescribiendo los antiguos (espero irlos publicando) y ayudando a otras personas con sus escritos, además de mi trabajo. Los blogs son la menor de mis tareas literarias, aunque quizás en el futuro esto cambie…

Quizás debería abrir una página grandota, algo así como una web de autora polifacética y unificar todos mis temas en un solo espacio… ¿O seguir manteniendo mis diversidades aparte? ¿U olvidarme de todo y empezar algo nuevo? ¿Qué pensáis?

¡Se agradecen los consejos!

Azul sobre negro


Azul sobre negro. Así se titula el último libro que he leído de Javier Portabella Bosch. Hace apenas unos días falleció y me he quedado triste al saber su muerte súbita, porque hubiera deseado comentarle mis impresiones sobre esta novela, como solíamos hacer…

Javier era un buen amigo y escritor por afición, con el que compartimos escritos, borradores de novelas, cuentos, conversaciones literarias y sobre mil temas… Era, también, un hombre solidario con valores humanos. Durante varios años colaboró en mi fundación, ARSIS, como profesor voluntario de alfabetización de adultos, y dejó un recuerdo imborrable en sus alumnos. Tenía una creatividad y una paciencia inagotables.

Javier también amaba la historia. Ya jubilado hizo la licenciatura de Humanidades en la Universitat Oberta de Catalunya, y no dejaba de escribir. Tengo a medio leer otro libro suyo, indispensable para todos aquellos que queremos recordar lo que estudiamos en nuestros años de colegio y Bachillerato: un repaso a la historia de España, con pluma ágil y pinceladas de humor, haciendo gala de sus enormes conocimientos y a la vez de su amenidad para narrar.

Ese fino humor de gentleman inglés es algo que asoma en todos sus escritos. Javier era un caballero, tenía ramalazos románticos, nobleza, sinceridad y un toque de picardía alegre y desenfadada. Amaba la vida tanto como la historia. He conocido a pocas personas que hayan muerto con la mente tan llena de proyectos y con ganas de aprender.

Esta entrada es un pequeño homenaje a un buen amigo. Gracias, Javier, por habernos dejado tantas cosas buenas. Además del recuerdo quedan tus libros, páginas inmortales, accesibles para todo el mundo desde la Red. Como tantos otros talentos, no encontraste editorial para publicar por cuenta ajena y buscaste alternativas. ¡Menos mal que no quisiste dejar tus tesoros escondidos en un cajón! Ahora podemos seguir disfrutándolos.

Y recordándote. Azul sobre negro. Te has ido volando sobre el negro de la tinta, de las letras que amabas, hacia ese azul infinito, más profundo que las aguas de Corfú, donde las palabras nunca mueren.

  

       


Obras de Javier Portabella Bosch








Reencuentros con la Historia (para iniciados y olvidadizos)