Azul sobre negro


Azul sobre negro. Así se titula el último libro que he leído de Javier Portabella Bosch. Hace apenas unos días falleció y me he quedado triste al saber su muerte súbita, porque hubiera deseado comentarle mis impresiones sobre esta novela, como solíamos hacer…

Javier era un buen amigo y escritor por afición, con el que compartimos escritos, borradores de novelas, cuentos, conversaciones literarias y sobre mil temas… Era, también, un hombre solidario con valores humanos. Durante varios años colaboró en mi fundación, ARSIS, como profesor voluntario de alfabetización de adultos, y dejó un recuerdo imborrable en sus alumnos. Tenía una creatividad y una paciencia inagotables.

Javier también amaba la historia. Ya jubilado hizo la licenciatura de Humanidades en la Universitat Oberta de Catalunya, y no dejaba de escribir. Tengo a medio leer otro libro suyo, indispensable para todos aquellos que queremos recordar lo que estudiamos en nuestros años de colegio y Bachillerato: un repaso a la historia de España, con pluma ágil y pinceladas de humor, haciendo gala de sus enormes conocimientos y a la vez de su amenidad para narrar.

Ese fino humor de gentleman inglés es algo que asoma en todos sus escritos. Javier era un caballero, tenía ramalazos románticos, nobleza, sinceridad y un toque de picardía alegre y desenfadada. Amaba la vida tanto como la historia. He conocido a pocas personas que hayan muerto con la mente tan llena de proyectos y con ganas de aprender.

Esta entrada es un pequeño homenaje a un buen amigo. Gracias, Javier, por habernos dejado tantas cosas buenas. Además del recuerdo quedan tus libros, páginas inmortales, accesibles para todo el mundo desde la Red. Como tantos otros talentos, no encontraste editorial para publicar por cuenta ajena y buscaste alternativas. ¡Menos mal que no quisiste dejar tus tesoros escondidos en un cajón! Ahora podemos seguir disfrutándolos.

Y recordándote. Azul sobre negro. Te has ido volando sobre el negro de la tinta, de las letras que amabas, hacia ese azul infinito, más profundo que las aguas de Corfú, donde las palabras nunca mueren.

  

       


Obras de Javier Portabella Bosch








Reencuentros con la Historia (para iniciados y olvidadizos)

Fuego en el desierto

¿Un efecto de la ola de calor sahariano que hemos sufrido? No, no... Se trata de mi última novela publicada, que he presentado al Premio Amazon 2018, y que podréis descargar gratis durante los días 17 y 18 de agosto, si deseáis leerla en versión Kindle.

Os dejo con algunas pistas...

Fuego en el desierto es la versión novelada de un antiguo relato bíblico, contada a través de la experiencia de sus protagonistas, que intenta ahondar en aquellos aspectos que la Biblia omite: sus motivaciones íntimas, su entorno histórico y social, sus sentimientos y sus pasiones. La epopeya de un hombre en busca de sí mismo se convierte en la épica de un pueblo que quiere sobrevivir y preservar su identidad en medio de las vicisitudes de la historia.

A través de las páginas de este libro, el lector se adentrará en el Egipto del siglo XIII antes de nuestra era, viajará por el desierto y explorará las tierras del Oriente Medio. Conocerá la vida en la corte de un faraón, en un campamento nómada y en el ejército mandado en expedición. Será invitado a penetrar en los secretos del rico politeísmo egipcio y en el abismo de una divinidad que no revela su nombre. Podrá compartir los sueños, simpatizar o rebelarse contra unos personajes vivos que luchan por encontrar su lugar en el mundo. 

¿Queréis más? Clicad en este enlace.

A los que os animéis, ¡agradeceré los comentarios!

El mundo editorial en 2018... ¿cómo está el patio?

Jordi Nadal, presidente de Plataforma Editorial, cada año tiene el detalle de informarnos a todos sus autores sobre cómo está el panorama editorial y cómo ve él las novedades y las tendencias que se aprecian.

Extraigo estas citas de su correo porque creo que son de interés para todos los que escribimos.

¿Pero cómo está el sector editorial en el país? Muchas de las noticias no son halagüeñas, pero nos gusta entenderlas como un reto y una oportunidad más para ser originales, artesanos e innovar para seguir creciendo. A veces en facturación, y siempre en saber y en conocimiento. Las cifras del Observatorio del Libro desvelan la muerte de los superventas. O, en otras palabras, lo que no es ningún secreto: ya no se venden tantos libros como antes. En el año 2000 se produjeron más de 10 ediciones de 216 títulos, mientras que en el 2018 solamente 111. Las 2.316 editoriales consideradas como pequeñas por el observatorio (con una producción menor a los 1000 títulos) son responsables del 28,3% de los títulos disponibles en las librerías. Salvo el mercado alemán, que ha decrecido tanto en facturación como, en este segundo caso, de un modo inteligente, también en producción de títulos desde el 2007, el resto de los grandes mercados han descendido en facturación, pero aumentado en número de títulos (léase, se necesita producir más para facturar lo mismo y se vende menos por título). El grupo editorial más grande del mundo apenas factura el 60% de lo que factura Netflix y representa apenas un 3,2% de la facturación de Amazon.
Digámoslo claramente: somos un sector bello e importante a nivel social, pero pequeño en números.
Y aquí, para curiosear, un enlace a la lista de libros más vendidos en Amazon (el pasado año en España).

¿Qué más ocurre? Sigo citando a Nadal (las negritas son mías):

Cada vez hay más actores ajenos a la industria produciendo contenidos, empresas que se han adaptado rápidamente al paradigma digital. Todo esto se traduce en una sobreabundancia de contenidos. Hoy Netflix produce series, pronto hará otras cosas, ¿por qué no libros?
«Cada 24 h se fabrican en España en promedio 621.000 ejemplares de libros en papel, y durante las mismas 24 horas, se venden 421.000. O sea, 70 millones de libros al año sin vender, que terminan luego en ventas de saldos o incinerados y vendidos como papel reciclado.»
Eso equivale a unos 100.000 palés de libros anuales; esto es, se han editado de más. Y lo peor, han sido PAGADOS en su producción para no ser vendidos.
A diferencia de la industria del automóvil, que fabrica el coche Just in Time, nosotros producimos libros Just in Case, y eso es durísimo, porque todas las editoriales invertimos mucho dinero que, inevitablemente, en ocasiones, se pierde.
Setenta millones de libros sin vender... Para la quema, el reciclaje o el olvido. 
¿Cuántos más se publican en Amazon sin ser leídos, o leídos apenas por unos pocos conocidos o amigos?
Tanto esfuerzo, tantas horas, tanta energía y creatividad dilapidada...

Y ahora, la gráfica. El diagrama de abajo representa el peso del mundo editorial en el mundo, por idiomas. ¿Creíamos que el español es el idioma número dos, después del inglés? Sí en hablantes, pero no en peso editorial.  Como dice Jordi Nadal...

Aunque nuestro mercado hispanoparlante es demográficamente poderoso, somos una lengua culturalmente periférica, y no parece que crezca nuestra influencia (España supone un porcentaje tan pequeño que hasta el autor de la filmina tapó el nombre con la etiqueta de Hispanoamérica). El mundo [editorial] es anglosajón, chino y alemán, con restos de grandeur francesa (son grandes lectores; a diferencia de aquí: Vincent Monadé, presidente del Centro Nacional del Libro Francés, autor nuestro, dijo en una visita reciente que en Francia tener una biblioteca en casa es una señal de logro social).


Ya lo sabéis, compañeros escritores. Buscad traductor o escribid una versión inglesa, china o alemana de vuestros libros. O mejor, buscad un agente en USA, China o Alemania, ¿quién sabe? Tal vez de ahí pueda surgir la oportunidad...

Si no, siempre nos queda Amazon, donde, al menos, se puede sobrevivir. ¡Bienvenidos a la jungla!




Errores de una escritora novata


Estoy reescribiendo la segunda novela que escribí, hace más de doce años. Y en el ejercicio me sorprendo, a veces me enfado conmigo misma y no pocas veces me sonrío con indulgencia. ¡Qué poco sabía entonces! Doce años no son muchos, pero en la carrera de un escritor son un periodo que te ha permitido evolucionar. Lo suficiente como para reconocer los errores, fallos o flojedades de esos primeros tiempos. ¡Menos mal que nunca llegué a publicar esas novelas!

Qué ingenua fui creyendo que podría publicar una preciosa trilogía de fantasía épica, protagonizada por una mujer y un puñado de aventureros. Creí, quizás, que podría estar a la par de otros autores que han sobresalido en este género… ¡Ignorancia osada!

Pero, como ya dije hace varias semanas, quiero terminar de reescribir esta historia y publicarla, aunque sea por mi cuenta. Me lo debo porque es una historia especial. Las carencias de su escritura original no quitan valor al relato. Al menos para mí, tiene un sentido que no quiero perder.

Reescribiendo me topo con muchos fallos típicos de escritora novata. Si tú, lector, estás pasando esta época feliz de los primeros años de pasión literaria, aquí anotaré algunos, esperando que puedan servirte para evitarlos y superarlos. Y si ya eres un curtido veterano… espero que puedas reconocer algunos de ellos. Si no estás de acuerdo, te invito a comentar y discutirlo.

Nota: el estilo madura no sólo escribiendo mucho, sino, fundamentalmente, leyendo mucho. Si eres novel, lee. Lee no sólo lo que te gusta, sino a autores que te desafíen a salir de tu zona confortable y, una de dos: te asombren y fascinen, o… te obliguen a utilizar el diccionario.


Fallos típicos de un escritor bisoño


A la hora de escribir novelas o ficción (no otro tipo de libros).

1. Escribir como piensas. Es decir, traducir al texto tu pensamiento, tus ideas, tus expresiones propias, tu verborrea interior. Aunque lo hagas por medio de algún personaje. Estás narrando una historia, no escribiendo tu diario o tus memorias. Tu voz es la del narrador, no la de Fulanito-el-que-escribe. Y el narrador habla desde otra posición, desde un atril que no es el de la cotidianidad. El narrador no expresa tu manera de ser ni de pensar, el narrador hace magia con las palabras: crea un mundo, un ambiente, unos personajes… Se distancia del autor. Si quieres ser un mago, sal de ti mismo y olvídate de tu discurso.
Nota: esto vale también si eliges narrar en primera persona, adoptando la voz de un personaje o de varios. Quien narra es él, o ella, no tú. ¡No lo olvides!

2.     Incontinencia verbal. Demasiados escritores ―no sólo novatos― a mi ver derrochan palabras. Y cansan. Y a veces aburren. No se trata de ser tan parcos y escuetos que empobrezcamos el texto, pero sí de ahorrar palabras y frases inútiles o sobrantes. En el lenguaje oral solemos ser reiterativos y detallistas. En una narración escrita podemos abreviar, condensar y realzar. Para mí un ejemplo de esto es Valle Inclán. En su trilogía sobre la guerra carlista muestra de manera espléndida cómo componer un relato con las palabras justas, ágil e impactante, y no exento de belleza expresiva. ¿Quieres un ejemplo más “contemporáneo”? Lee a Baricco.

3.     ¡Cuidado con el discurso interno! Cuando escribimos lo que piensa, siente o recuerda un personaje ―sobre todo si es un protagonista o un personaje querido― pisamos sobre terreno resbaladizo. Es fácil acabar expresando lo que pensaríamos y sentiríamos nosotros. Pero ese personaje… no eres tú, amigo autor. Es él, o ella. Ponte en sus zapatos y hazlo verosímil. Piensa en su historia, su contexto, su carácter. Quítate de encima condicionantes morales, ideológicos, culturales o políticamente correctos… ¡Métete en su piel!

4.     Trabaja los diálogos. Son ágiles e importantes en la narración. Pueden ser los momentos culminantes, o pueden arruinar un relato. Un diálogo bien redactado no es el remedo de una conversación corriente como la que puedas mantener con tus amigos, tus vecinos o como las que oyes en los programas de televisión. Con el diálogo, como con la voz del narrador, has de crear magia. Aléjate de la cotidianidad y del lenguaje actual. Tampoco abuses de un lenguaje arcaico y recargado, a menos que la ocasión lo requiera. La magia es que parezca natural pero, al mismo tiempo, tenga el dramatismo necesario para enriquecer el relato con la emoción, la intriga o el suspense necesario. Si quieres que el diálogo enganche, no puedes desperdiciar palabras ni patinar con frases inútiles. Ni una palabra debe estar de más, ni una de menos. Cada frase debe aportar sentido, valor y dramatismo al relato. ¡Esa es su función! Si no es así, sobra.
Nota: tener esto en cuenta me ha llevado a eliminar diálogos enteros de mi novela… y a rehacer otros.

5.     ¿Sobran personajes? En una novela larga con muchos personajes puede ser que algunos caracteres secundarios ―con sus respetivos nombres― sean irrelevantes y estén de más. ¿Añaden algún valor al relato, o simplemente sobrecargan y aturden al lector? A la hora de reescribir, he eliminado algunos en mi novela. También es cierto lo contrario, si alguno tenía una especial relevancia y podía enriquecer el capítulo o la obra en general, le he dado más importancia. Incluso he creado algunos nuevos.  

6.     ¿Sobran episodios? Roland Bartrés en su Análisis del relato hablaba de las funciones cardinales, o hechos básicos que componen el núcleo del relato, y de las catálisis o hechos secundarios. Estos hilos argumentales pueden adornar o completar la trama pero, a veces, pueden ser como la hojarasca seca. Pueden sobrecargar por exceso, o despistar la atención de la trama principal, aunque a veces sea justamente esta la intención del autor, para crear suspense o efecto sorpresa. En fin, cuidado con las tramas secundarias. Son como los diálogos: si añaden valor y dramatismo, adelante. Si no… quizás haya que practicar una poda radical. (He podado unas cuantas ramas en mi novela, también).

7.     Buenismo literario. No sé cómo describirlo. Se me ha ocurrido esta expresión porque el buenismo es algo propio de nuestra cultura. Es ese afán por parecer amable, simpático, correcto, de-buen-rollo, acorde con los valores sociales que están en boga. Repetiré la expresión que usé antes: ser políticamente correcto. Admito que alguna vez también he caído en este fallo y me da rabia detectarlo. Ahora estoy siendo visceral y quizás me equivoque. Lo siento pero no. Nada de buenismo. Nada de moralizar. Una novela no es educación para la ciudadanía. En literatura buscamos otra cosa. Y más si estamos contando historias de otros tiempos, otros personajes y culturas algo remotas. La literatura se sirve en crudo. Queremos transmitir historias verosímiles de personajes de carne y hueso, inventados pero reales, sólidos, consistentes. Con sus contradicciones, ambigüedades, sombras y flaquezas. Los mitos no son buenistas. Los grandes relatos no llevan amortiguadores ni envoltorios de celofán. Ni siquiera los cuentos para niños. ¿Qué buenismo hay en la Caperucita Roja, en los Tres Cerditos, la Bella Durmiente o Barbazul? Hay envidias, hay odio, hay muerte y hay escenas crueles. Los cuentos de Grimm o de Andersen, los cuentos rusos o los cuentos de las Mil y Una Noches con los que muchos crecimos, por más que nos los presentaran con melifluas ilustraciones y “recortes”, no tienen nada de buenistas, ni de moralizantes. Son crudos y los niños los entienden. Una buena novela, sea “juvenil” o no, también.

De momento, aquí me detengo. Quizás escriba más sobre reescribir… o quizás no. ¡Ya veré!

Mi pequeña librería... ¡Feliz Día del Libro y la Rosa!

Como no podré estar en la calle, hoy expongo mi pequeño puesto de libros aquí, y ofrezco a los lectores del blog un regalo para celebrar el día del libro y la rosa. A los 10 primeros que me escriban, les enviaré gratis el libro de mi colección que prefieran (en versión impresa).

Que disfrutéis de muchas horas de lecturas, de sol y de rosas...

NOVELAS y FICCIÓN

Estirpe salvaje. Una aventura de supervivencia y una historia de superación personal y heroísmo. Fantasía épica juvenil. Publicada por Espasa en 2008. Se puede adquirir en Amazon aquí.



El heredero del clan. Amor y guerra, exploración y conquista en el país de los fiordos. Fantasía épica (o una versión moderna de una saga nórdica, a mi estilo). Publicada por Espasa en 2011. Disponible en Amazon aquí.

Ciudad sin estrellas. En una metrópoli del futuro, autosuficiente y opulenta, un joven rebelde se atreve a cruzar los límites y explorar el inhóspito territorio que todos creen un desierto. Distopía futurista. Premio Minotauro 2011. Lo encontrarás en Amazon, en tapa dura o edición de bolsillo. Si me lo pides por e-mail, te envío un ejemplar de regalo, dedicado.







Sal y Canela, relatos con sabores varios. Desde África a la antigua Persia, desde la prehistoria hasta un imperio del futuro; lluvia en la meseta y libertad tras los barrotes… Drama y humor, dulce y salado. Publicado en Amazon.






NO FICCIÓN 


Mujeres de Dios. ¿Qué podemos aprender de Eva, Sara, Miriam, Judit, Ester, Débora… o de las mujeres del Nuevo Testamento? Una visión personal de las mujeres de la Biblia. Publicado por Mensajero. Lo encontraréis en librerías y en Amazon, también en versión Kindle.



Cómo curar los sentimientos negativos. Transforma tus pasiones en sentimientos positivos que te ayuden, a ti y a los demás. Publicado por Doss Ediciones. Disponible en Amazon, o escribiendo a la autora.




Eres una reina. Un libro de autoayuda diferente, basado en una sólida espiritualidad. Publicado en Create Space (Amazon). Versión Kindle y en papel. Ver más aquí.




Digerir la vida. Cómo las malas digestiones me enseñaron a cuidar de mi salud, a dejarme querer y a digerir algo más que el alimento… ¡la vida! Publicado por Plataforma Editorial.








Tengo más libros. Si os apetece curiosear en Amazon, estos son todos los títulos que hay disponibles (algunos son antologías en las que he participado, y hay dos en las que simplemente he escrito el prólogo).

¡Feliz día del libro y la rosa!

Buscando la pregunta


 «La palabra es vida, ¡la palabra es la vida!
Pero ¿sabemos hablar todavía?
Quizás ha llegado el tiempo de retornar a la palabra, de retornar a las palabras viajeras, las que hacen circular el gozo de existir en la ligereza y la frescura de un alba portadora de la esperanza renovada en un día aún más alto, más libre…
Vayamos, caminemos, avancemos en el vaivén del oleaje de las palabras errantes…
¡La historia es más fuerte que el destino!»

 …

 «Tú eres un pájaro…Las palabras son tus alas, ¡habla, vuela lejos!  Cruza el espacio y el tiempo, rompe las cadenas de una historia que no te pertenece y que no tiene el derecho de cargarte y retenerte…Recuerda que los hombres, aunque deban morir, no han nacido para morir, sino para innovar, para abrirse al nacimiento y al renacimiento.Porque has nacido estás condenado, estás condenado a ser libre… ¡No lo olvides!»

Sigo leyendo con deleite  a Marc-Alain Ouaknin, su pequeño tratado C’est pour cela qu’on aime les libelules (Es por eso que amamos las libélulas).

Un tratado ¿de qué? De algo para lo que el autor ha tenido que inventar una palabra: quoibilité, que se podría traducir por «quebilidad». Que viene de «qué».

Quebilidad: una larga reflexión sobre «la pregunta, el cuestionamiento, el interrogante, el asombro, que se convirtieron para mí en un tema central del pensamiento y de la existencia en general».

Solemos pensar que el ser humano vive envuelto en interrogantes. Todo cuanto nos rodea nos suscita preguntas. ¿Por qué? ¿Por qué? La pregunta insistente de los niños que aprenden, la pregunta angustiada del filósofo que se topa con el enigma de la existencia.

¿Y si es todo lo contrario?

¿Y si en realidad vivimos rodeados de respuestas, y lo que necesitamos buscar son las preguntas?

¿Y si nosotros mismos somos respuestas? ¿A qué pregunta responde nuestra existencia?

¿Y si la vida misma yace, no en una respuesta, sino en un gran interrogante?

Escribir: ¿es un ejercicio creativo en esta búsqueda de preguntas?

Una reflexión más, sobre la biografía: «…la vida no precede a la escritura, sino que es engendrada con esta escritura» […] No hay vida por un lado y escritura por otro, sino la biografía, la escritura de la vida, la vida por la escritura.»

C'est pour céla qu'on aime les libelules


«Puede haber, y probablemente haya en toda vida un instante inicial de tal intensidad, de tal fuerza, que influye en la vida entera.
Puede ser un libro, un encuentro, un accidente, una ausencia, un retraso, una puesta de sol, una tempestad o simplemente una sonrisa.
La escritura de un texto, de una historia, de una obra de teatro o de una novela es a menudo el signo del encuentro con ese momento fundacional.

¡O quizás sería más justo decir que escribimos para descubrir ese momento fundacional, el punto inicial, la conmoción del ser que nos ha hecho surgir en el corazón de la existencia!
¿Sabemos por qué escribimos?»
Así empieza el libro que estoy leyendo con gusto y asombro, porque casi cada frase, cada párrafo, me obliga a detenerme y a pensar… o a recordar, o a preguntarme.

¡Quizás este y no otro es el propósito de su autor! Marc-AlainOuaknin es un autor que desconocía hasta hace poco. La tapa del libro lo define como filósofo, rabino, profesor de la universidad Bar-Ilan… autor de un montón de libros diversos sobre literatura, Talmud, poesía y filosofía, traducidos en países de todo el mundo. Yo diría que es una mezcla entre poeta y trapecista de las letras.

Aún no he terminado el libro. Lo estoy leyendo en versión original y voy despacio. Saborear el francés nítido, poético y sabroso de Ouaknin me permite una lectura pausada y profunda.

¡Creo que todos los escritores amaríamos leer algo así de tanto en tanto! Es como hacer un pequeño “receso espiritual” en medio de nuestro escribir, una cura de rejuvenecimiento y un aporte extra de vitaminas para la pluma… o la tecla, o la mano que hace volar palabras.

¿Sabemos por qué escribimos?

No resisto compartir otro párrafo, ¡y esto es apenas el comienzo del libro! Porque C’est pour cela qu’on aime les libelules (Es por eso que amamos las libélulas) trata de mucho más que de literatura.

¡Alerta! Si os animáis a leerlo, no es un libro que os dé «ideas» geniales, ni respuestas, ni conclusiones… ¡Su misión es suscitar preguntas! Posiblemente os detengáis a medio leer una página y la mente se os vaya en un interrogante que os lleve por derroteros insospechados.

«¿Qué es una palabra, si no es una historia de amor?
Hay toda una teoría sobre el amor que las vocales profesan a las consonantes. Las letras se enlazan […], se enlazan y se abrazan, se abrazan y se unen […] Haz estallar el presente, descubre el milagro de la aurora quebrando la negrura de la noche, haz danzar las letras y las vocales amorosas. Haz cantar las palabras para que se conviertan en pájaros.»

Recursos literarios


¿A qué huelen las palabras? ¿De qué color es una canción? ¿Por qué un verso es delicioso, o una carta sabe amarga como la hiel? Sinestesia, metáfora, comparación.

¿Qué sería de un libro sin alma? ¿Y un discurso sin repetición? ¿Cuántas plumas callarían si no fueran más que plumas? Metonimia, anáfora, personificación.

¿Con qué aliñaríamos nuestros diálogos si no hubiera hipérboles? ¿Qué harían los cuentos sin cabellos de oro, y los poetas sin lunas de plata y auroras de cristal? Apóstrofe, asíndeton, repetición.

¿Cómo hablaría el fuego de la musa? ¿Y el sabio? ¿Y el místico? ¿Y el trovador? Polisíndeton, hiperbaton, enumeración.



Recursos. «Recursos literarios.» Ordenando papeles he dado con una viejísima libreta de apuntes. Y antes de tirar las hojas amarillentas, de pauta simple y escritas con la caligrafía minuciosa de una colegiala de diez años, he querido escanearlas y guardarlas en la memoria de mi ordenador. Ahora las cuelgo en la Red, esa biblioteca que está en las nubes y que está en todas partes y en ninguna, esperando que su memoria supere la mía y sobreviva cuando mis palabras no sean más que un eco en un montón de páginas escritas.

¿Podía imaginar, cuando escribí estas notas, que algún día me llamarían escritora, compondría poemas y publicaría libros?

¡Jamás!

Esta es una de las bellezas de la vida. Que las mejores cosas suceden sin que las hayas planeado.

Flores

21 de marzo. Entra la primavera, aquí, en el hemisferio norte. Entra la primavera y se nota en el sol, en el olor del aire por la noche, en la luz que clarea sobre las paredes blancas..., aunque el aire todavía sea frío y las borrascas siberianas azoten de nieve la Península. 

Llega la primavera y lo celebro compartiendo con vosotros, visitantes casuales o regulares, que topáis con este blog, uno de mis cuentos antiguos, antiguos. Podéis leerlo aquí, en bruto, sin correcciones y quizás con algún gazapo. Posteriormente lo pulí y un amigo, Javier García, lo publicó dentro de su antología Leyendas de la Caverna Profunda. Es un cuento inspirado en un viejo, viejísimo juego, de mi infancia, con mi hermana y una amiga del pueblo de mis abuelos, escenario de mis vacaciones, mis fantasías y algunos de los mejores momentos de mi niñez.

Érase una vez una princesa enamorada de las flores, una florista que las mimaba con manos de hada y un palafrenero silencioso... Y sigue la historia.

Híbridos, transhumanos, hermanos


Un tema habitual en la ciencia ficción es explorar las fronteras de lo que es humano. Los seres híbridos entre hombre y máquina, hombre y animal, cruces entre diferentes especies, reales o imaginarias, pueblan la literatura de este género; se ahonda en los límites de la humanidad, de la biología y la conciencia, y de la imaginación surgen criaturas que, algunos dicen, podríamos llegar a ver con el transcurso del tiempo. Dados los avances científicos… ¿por qué no?

Estoy leyendo una sugerente novela juvenil, Premio Lazarillo 2015: La vida secreta de las mujeres planta, de Ledicia Costas. ¿Qué son las mujeres planta? Mujeres que, con el paso de los años, se van transformando en árboles, y cuya alma está ligada a un pequeño espíritu o elfo presente en una planta. Hace unos años, Laura Gallego publicó Donde los árboles cantan, coprotagonizada por un joven medio humano medio árbol. Leemos Danza de Dragones, la quinta novela de la serie Canción de Hielo y Fuego, y nos encontramos con los hijos del bosque, esos seres casi inmortales que también se van “vegetalizando” con el paso de los siglos. Mucho más atrás, Tolkien dio vida a los Ent, árboles andantes y sintientes que emprenden una batalla por la supervivencia de su bosque. Y ¿cómo olvidar a la rosa del Pequeño Príncipe?

Los seres mitológicos híbridos no son nuevos. En el mundo mágico y chamánico la transición entre hombre y animal fluye como el agua. Las religiones más antiguas del mundo engendraron dioses con cuerpos mestizos, medio animal, medio hombre. Zeus se transformaba en la bestia que le convenía, cuando quería. Y también los hubo que se convirtieron en flor, como Narciso, o en árbol, como la bella Dafne. Incluso en libros tan poco amigos de la mitología y las fantasías, como la Biblia, encontramos imágenes como el hombre que crece cual árbol frondoso junto al manantial, el grano de trigo que muere y da fruto, frases poderosas, como yo soy la vid, vosotros los sarmientos, y la sugerente comparación de san Pablo: nuestra vida mortal es plantada en esta tierra, como semilla; y brota a una nueva vida, la resurrección. En la medicina china, se dice que el hombre es como un árbol, una especie de puente entre el cielo y la tierra: con las raíces clavadas en tierra, con las ramas tendidas hacia el cielo.

Humanos y plantas, animales y vegetales… Desde el punto de vista evolutivo, todos procedemos de una misma célula, de un mismo ADN. Todos somos formas vivientes, amasados con la misma materia y latiendo con la misma energía. ¿Dónde están las fronteras?

En este gusto actual por los humanos-planta se puede atisbar algo más que una moda. Hay una tendencia, una veta filosófica más profunda que recorre no sólo la literatura, sino el pensamiento y la ética social.

La consciencia de formar parte de un planeta vivo, la ecología y la sensibilidad hacia el medio ambiente son el magma donde surgen estas nuevas fantasías ―nuevas y tan viejas―. También la ciencia, los avances en la genética, en la inteligencia artificial y movimientos como el transhumanismo influyen. Hay en el trasfondo un deseo de conexión con la materia viva, una intuición de hermandad existencial que nos une a la piedra, al roble, al agua y a las flores. Hay, quizás, un anhelo de comunión profunda con todo lo existente, un deseo de reconciliación con la naturaleza frente a la tendencia explotadora y dominante que ha dominado a la civilización humana durante milenios. Quizás hay, también, nostalgia de una vida más sencilla, con menos tecnología, menos virtualidad y más hierba, más hojas, más pies en la tierra y piel bañada de sol.

A fin de cuentas, dicen los genetistas que compartimos un 30 % de nuestros genes con los narcisos, y todos hemos escuchado aquella frase ―literalmente cierta― de que somos polvo de estrellas. Los átomos de nuestra carne quizás formaron parte de una estrella, un asteroide o un cristal de roca, y nuestro cuerpo, si lo esparcen en cenizas o lo sepultan en tierra, algún día será parte de una raíz, de un tallo verde o del mirlo que canta en un jardín.

Anarquía

«No, no es maravilloso. Es un mundo feo. No como este. Colinas áridas y polvorientas. Todo pobre, todo seco. Anarres no es hermoso. Allí tenemos grandes manos y pies… Pero no grandes vientres. Nos ensuciamos, nos bañamos juntos, nadie lo hace aquí. Las ciudades son pequeñas y aburridas, son espantosas. No hay palacios. La vida es aburrida, y el trabajo duro. No siempre puedes tener lo que quieres, incluso lo que necesitas, porque no hay suficiente. Vosotros tenéis suficiente. Suficiente aire, suficiente lluvia, hierba, océanos, alimentos, música, edificios, fábricas, máquinas, libros, ropa, historia. Sois ricos, sois propietarios. Nosotros somos pobres, carentes de todo. Vosotros tenéis, nosotros no tenemos. Todo es hermoso aquí. Salvo los rostros. En Anarres nada es hermoso, nada salvo los rostros. Las otras caras, hombres y mujeres. No tenemos nada más que eso, unos a otros. Aquí ves las joyas, allí ves los ojos. Y en los ojos ves el esplendor, el esplendor del espíritu humano. Porque nuestros hombres y mujeres son libres ―no poseen nada, son libres―. Y vosotros, los poseedores, sois poseídos. Estáis todos encarcelados. Cada uno, solitario, con un montón de posesiones. Vivís en prisión, morís en prisión. Esto es lo que veo en vuestros ojos… ¡el muro, el muro!»

Así describe Shevek, el protagonista de Los desposeídos, su pobre y desértico planeta, Anarres. Un lugar desolado, donde sus escasos veinte millones de habitantes sobreviven intentando hacer real un utópico paraíso anarquista, sin gobierno, sin leyes, sin coacción, basado en la pura solidaridad humana. En contraste, su planeta gemelo, Urras, es fértil y próspero, derrochando belleza y arte. Un paraíso verde y azul que se parece sospechosamente a nuestro planeta Tierra bajo el gobierno de dos superpotencias que se equilibran en una tensa guerra fría, luchando sus batallas en los países pobres del hemisferio opuesto. Anarres es pobre, pero sus gentes son libres; Urras es rico, pero sus habitantes viven atados por su miedo a perder sus posesiones, por mil juegos de poder y convenciones sociales, por su competitividad y las leyes del mercado. En Urras todo se compra y se vende. «¿A dónde ir? A alguien… alguien, otra persona. Un ser humano. Alguien que pudiera dar ayuda, no venderla. ¿Quién? ¿Dónde?»

La cara hermosa del planeta tiene otra cara, pobre y oprimida, que aún sueña en la rebelión. Pero ¿por qué un científico inteligente e inquieto querría abandonar su utopía anarquista para lanzarse al opulento paraíso de las desigualdades sociales?

Ursula K. Leguin, su autora (1929-2018) fiel a sus inquietudes sociales y políticas, expone una serie de temas que no han perdido vigencia, ni la perderán. El desarrollo de la ciencia, la comunicación interplanetaria, la lucha de poder y la lucha de clases, el sentido de la propiedad, el poder de la información, mercantilismo versus altruismo, el papel del hombre y de la mujer, la relación entre ambos sexos… Y aún más: la naturaleza misma de la realidad, del espacio y del tiempo, con frecuentes alusiones a la física cuántica y a la teoría de la relatividad. Y ¿de qué manera la ciencia puede afectar a la ética y a la vida de las personas?

Leguin trata estos temas, con hondura y sensibilidad, en un relato que se va desplegando en dos escenarios, a lo largo de la vida de su protagonista. El nudo dramático se intensifica capítulo a capítulo y las cuestiones lanzadas van convergiendo. Leer Los desposeídos me ha dado largos momentos de reflexión, diálogos jugosos con algunos amigos y me ha dejado con el sabor intenso de algunos párrafos y frases, hermosos e inquietantes. Leguin no es ingenua: critica el capitalismo, pero tampoco idealiza el anarquismo. No en vano el subtítulo de la novela es Una utopía ambigua. Shevek marcha de Anarres porque no puede desplegar allí todo su potencial. La sociedad igualitaria en la que viven no se libra de las debilidades y pecados humanos de siempre: ni siquiera la anarquía tiene antídotos contra el odio, la envidia, la culpa y la vergüenza. Puede no haber gobierno, pero los juegos de poder entre las personas son los mismos. Puede haber igualdad de sexos, pero la tensión entre la feminidad y la masculinidad sigue ahí; puede haber libertad de iniciativa, pero no deja de haber obstáculos cuando un individuo sobresale por su genio entre la mediocridad de la mayoría.

El protagonista se lanza a emprender una misión, apoyado por su compañera y un puñado de amigos, pero, finalmente, solo. Y es en el otro planeta, lejos de su hogar, donde catará esta soledad con más fuerza: «Estaba solo, aquí, porque venía de una sociedad autoexiliada. Siempre había estado solo en su mundo porque se había exiliado a sí mismo de su sociedad. Los colonos habían dado un paso. Él había dado dos. Estaba solo, finalmente, porque había afrontado el riesgo metafísico. Y había sido lo bastante loco para pensar que podría servir para acercar dos mundos a los que él no pertenecía…»

Quizás ese sea su error. No hay verdaderos héroes solitarios. Aunque la revolución se dé en la mente, y sea algo individual, único, no puede llevarse a cabo sin comunidad. Y aunque un hombre se sostenga en su espíritu, solo contra viento y marea, al final necesita una tribu, una presencia cálida donde albergarse, un hogar al que regresar. Shevek comprenderá esto tras poner a prueba su inteligencia y su capacidad de adaptación, tras entregarlo todo, sin miedo a perder nada, porque nada posee. Poseer no es lo mismo que compartir... Choca contra un mundo que no acepta nada gratis, sino que compra cuerpos y almas, y contra otro mundo que renuncia a la libertad por la seguridad, sucumbiendo a la tiranía de una mayoría. Posesividad y cerrazón; competitividad y mediocridad. El desafío es superarlas ambas y encontrar una salida: romper muros.

Un aspecto fascinante de esta novela es la reflexión sobre la naturaleza del tiempo y las relaciones humanas. No puedo dejar de copiar estos párrafos, para concluir mi comentario admirado hacia una novela que, a mi ver, es una de las mejores que ha escrito Ursula K. Leguin. Uno de esos pocos libros que releeré, seguro.
«La plenitud, pensó Shevek, es una función del tiempo. La búsqueda del placer es circular, repetitiva, atemporal. El buscador de variedades, el cazador de emociones, el promiscuo sexual, siempre termina en el mismo lugar. Llega al final y tiene que empezar de nuevo. No es un viaje y un retorno, sino un ciclo cerrado, una habitación cerrada, una celda.
Fuera de esta cámara cerrada está el paisaje del tiempo, donde el espíritu puede, con suerte y coraje, construir los frágiles, improvisados e improbables caminos y ciudades de la fidelidad; un paisaje habitable para los seres humanos.Sólo cuando un acto se da dentro del paisaje del pasado y del futuro es un acto humano. La lealtad, que afirma la continuidad del pasado y del futuro, uniendo el tiempo en un todo, es la raíz de la fortaleza humana; no es posible hacer ningún bien sin ella.Así, mirando en retrospectiva los últimos cuatro años, Shevek ya no los vio como un tiempo perdido, sino como parte del edificio que él y Takver estaban construyendo con sus vidas. Lo bueno de trabajar con el tiempo, en vez de ir en contra, pensó, es que no hay tiempo dilapidado. El dolor también cuenta.»

Reescribir


Hace doce años terminé de escribir mis tres primeras novelas. Una trilogía voluminosa que no he llegado a publicar, pero que me gustaría ver convertida en libros, algún día.

Como toda opera prima, pasados unos años la releí y me di cuenta de que así, tal como estaba, no quería publicarla, ¡de ninguna manera! Y me lancé a reescribir. He reescrito la primera parte, ahora estoy con la segunda. Puedo afirmar que reescribir es mucho, mucho más duro que escribir.

¿Por qué? Porque es mucho más que contar la misma historia, pero de otra manera. Es mucho más que pulir, corregir, mejorar, enriquecer. Es… ¡escribir otra historia! Aunque los personajes y los hechos sean los mismos. Con el escollo de que te topas con el texto original, que a veces te impone barreras, pero otras veces te inspira. Quisieras empezar de nuevo, pero hay párrafos y diálogos que sabes que tienes que rescatar. Y no quieres que tu nueva versión sea una especie de Frankenstein apedazado con remiendos de lo nuevo y lo viejo.

¡Ardua tarea! Pero apasionante y retadora. A fin de cuentas, acabo disfrutando. Mi nueva versión ―eso espero― es más sencilla en cuanto a acciones y subtramas, pero más profunda en cuanto a los personajes y a su entorno. Es menos rápida, pero más ágil; menos trepidante, pero más… ¿atrapante? Rehacer los diálogos ha sido especialmente intenso. ¡Qué difícil es lograr un buen diálogo, con el tono y el lenguaje adecuado, con la brevedad y la expresividad idóneas, con el dramatismo necesario!
A veces me he preguntado si valía la pena hacerlo. ¿Para qué reescribir unas novelas tan viejas, inéditas, que nadie querrá publicar? Además, son fantasía épica. ¿Se puede escribir fantasía épica después de Tolkien, después de Juego de Tronos y La sombra del viento? Ah, ilusa… ¿No sería mejor dejarlas atrás y hacer algo nuevo?

Pero con esta trilogía me ocurre algo. Es mi primera novela, y la primera novela es especial. Dicen que siempre tiene algo de autobiográfica. Yo me reía, hace años. ¿Autobiográfica? ¿Cómo va a serlo? Pero sí, lo es. Dos amigas me han hecho verlo, clarísimo. Un día, conversando con una de ellas le conté a grandes rasgos de qué trataba la historia. Ella se estremeció y me dijo: Tienes que publicarla. Esa es tu obra. No puedes dejarla. No la dejes.

Mis tres primeras novelas no son autobiográficas, aparentemente. Pero, en clave fantástica, contienen la médula de mi historia personal. Lo que más me ha asombrado de ellas es que, años después de escribirlas, en mi vida real han sucedido eventos y he atravesado procesos que, antes, ya había relatado en las novelas. En clave, sí, pero ahí están. Ahora tiemblo y me pregunto, con cierta emoción, si lo que me aguarda en los próximos años no se parecerá a lo que ya escribí hace más de diez…

No soy dada a esoterismos ni tengo capacidades psíquicas sobrenaturales. Ninguna. Simplemente creo que, durante mi proceso creador, tuve una intuición mucho más honda de lo que era mi vida que en todos mis ratos de silencio, meditación y reflexión. Es como si, escribiendo, desde la ficción, mi visión saliera del tiempo, se ampliara y abarcara lo que fui, lo que soy y lo que seré en potencia. ¿Suena a magia? Quizás esta sea la magia de la literatura… de toda forma de arte. Llegar a una visión más profunda, en espacio y en tiempo, de lo que es la realidad.

Por eso, y porque en esas mis primeras novelas hay tanto de mí, quiero terminar con su reescritura. Y las publicaré. Aunque nadie las quiera ni haya lectores que las esperen. Al menos, me lo debo a mí misma.