domingo 15 de noviembre de 2009

¿Para quién escribimos? II

Hoy les presento el capítulo II —sí, con números romanos y en plan titular, que queda mejor— de la saga ¿Para quién escribimos?

Hablábamos de la importancia de tener en cuenta al lector, ¡ah, el lector! Destinatario de nuestras letras y afanes, que puede ser un rostro, un nombre, un recuerdo, un público diáfano y concreto o un nebuloso concepto que juega al escondite tras la palabra… Lector

Podemos dar un paso más allá de la reconciliación entre escribir con placer y a la vez para complacer. Se trata de ver al lector, no como un mero receptor de nuestro producto, sino como alguien que posee criterio, que tiene la mente abierta a las novedades y cuyos gustos y exigencias lectoras evolucionan. Y tener el valor de decir: creo tanto en lo que estoy ofreciendo, y creo tanto en la capacidad del que va a recibirlo, que ya no voy a escribir para gustar al lector; voy a intentar que al lector le guste lo que escribo. ¿Por qué? Porque estoy convencido de que vale la pena.

De esta manera, escapamos a la tentación: renunciamos a ganar audiencia con recursos fáciles y buscamos seducirla tentando su paladar y enseñándola a apreciar otros sabores diferentes.

Por supuesto, es fácil de decir y no tanto de llevar a la práctica. Para educar los gustos lectores y generar nuevas tendencias se requiere arte, tiempo, originalidad y un gran talento como escritor. Pero, ¿quién dijo que un escritor se hace en dos días? Un primer paso es comenzar y dilucidar dónde colocamos nuestras aspiraciones. Quisiera acabar con un texto de Umberto Eco, que multiplicó la afición por la novela histórica construida con rigor y densa en contenido filosófico. Cito de sus Apostillas a El nombre de la rosa (capítulo “Construir el lector”):

«Se escribe pensando en un lector. Así como el pintor pinta pensando en el que mira el cuadro. Da una pincelada y luego se aleja dos o tres pasos para estudiar el efecto… Cuando la obra está terminada, se establece un diálogo entre el texto y sus lectores (del que está excluido el autor)»

«…escribir es construir, a través del texto, el propio modelo de lector.»

«…el escritor escribe con la esperanza, ni siquiera demasiado secreta, de que precisamente su libro logre crear, y en gran número, muchos nuevos representantes de ese lector deseado y perseguido con tanta meticulosidad artesanal, ese lector que su texto postula e intenta suscitar.

La diferencia, en todo caso, está entre el texto que quiere producir un lector nuevo y el que trata de anticiparse a los deseos del lector que puede encontrarse por la calle. En el segundo caso, tenemos el libro escrito, construido según un formulario, adecuado para la producción en serie: el autor realiza una serie de análisis de mercado y se ajusta a las expectativas. Con la distancia puede verse quién trabaja mediante fórmulas: basta analizar las diferentes novelas que ha escrito para descubrir que, salvo los cambios de nombres, lugares y fisonomías, en todas se cuenta la misma historia: la que el público pedía.

En cambio, cuando el escritor planifica lo nuevo y proyecta un lector distinto, no quiere ser un analista de mercado que confecciona la lista de los pedidos formulados, sino un filósofo que intuye las tramas del Zeitgeist. Quiere revelarle a su público lo que debería querer, aunque no lo sepa. Quiere que, por su intermedio, el lector se descubra a sí mismo».

jueves 5 de noviembre de 2009

Nunca dejes de soñar

Ayer se celebró la gala de entrega del I Premio As de Picas. Me pareció que una buena manera de cerrar este episodio de mi vida literaria era asistir, así que fui y, la verdad, me alegro que haberlo hecho.

Fue un acto sorprendente y espectacular, muy alejado de las entregas de premios tan solemnes y académicas que, supongo, se dan en el mundo editorial. Comenzó en la plaza Lesseps de Barcelona, junto a la biblioteca pública, con un espectáculo rapero de El Chojin, bajo la claridad de un par de focos “que no son la luna” (cito de una de sus canciones) y de un globo iluminado con la efigie del As de Picas. Dicen que el rap será la poesía del siglo XXI… ¡tal vez! El caso es que Chojin, con su rap positivo, nos metió las ganas de mover el cuerpo, una tonelada de buena onda y también nos hizo pensar...

Rodeados de multitud de jóvenes, participantes en el jurado, amigos y público, entramos luego a la biblioteca. En la sala de actos, nos esperaba otro espectáculo en tres dimensiones. Combinando escenificación en directo, show de la presentadora y montaje audiovisual en tres pantallas, los asistentes pudimos saber qué es el As de Picas, cuál es la filosofía del concurso y de la editorial Viceversa y cómo se llevó a cabo el proceso de selección de novelas y decisión del jurado.

Resumiendo, fue interesante ver la intención de conjugar dos tipos de fantasía: la literaria y la que se produce para los videojuegos, así como la participación activa de jóvenes elegidos de toda España que contribuyeron a la lectura y selección de originales. A todo esto, fui reflexionando y comprendí mucho mejor por qué mi novela no se adaptaba a este concurso ni al tipo de literatura que buscan.

Y por fin, llegó el momento esperado, cuando la presentadora tomó el cofre “del tesoro”, la llave dorada, lo abrió… y reveló quién era el ganador.

Fue Rafael Ábalos, con la novela Poliedrum, una historia donde un grupo de amigos se ven introducidos en un mundo que mezcla realidad y fantasía y se embarcan en una peligrosa misión.

Esta parte final del acto es la que disfruté más. Rafael Ábalos es un orador que sabe seducir con su voz y sus palabras. Nos habló del niño vivo que llevan dentro los escritores que, como él, escriben fantasía, de su afán por crear otros mundos imaginarios, del placer creador de la literatura. Y nos leyó el breve y escalofriante primer capítulo de la novela, ¡no necesitó más para encender nuestros deseos de saber más!

Viceversa se marcó otro detalle: nos regaló a todos los asistentes un ejemplar de “preestreno” de la novela, que por supuesto, todos fuimos a recoger.

Cuando acabó el acto, fui a saludar a la directora de Viceversa y a su jefe editorial. Me presenté y les agradecí la invitación al evento. Ellos estuvieron muy amables y atentos, recordaban mi nombre (ja, ja, supongo que por ser la autora de la caja de los diez kilos…) y también agradecieron mi asistencia.

Y luego, aún vino lo mejor. Me puse a la cola para que Rafael me firmara el libro. Le expliqué que era una escritora casi novel y que también había participado en el concurso. Estuvo muy cariñoso. Hablamos un poquito, me firmó con una dedicatoria que releeré muchas veces y cuando le pedí un consejo de escritor consagrado, me miró fijamente a los ojos y me dijo: “No dejes nunca de soñar. Vive tus historias, vibra con ellas, métete en ellas, siéntelas... No hay otro secreto.”

Me quedo con esas palabras, el pequeño tesoro que recibí anoche. Claro que es un consejo que no necesito, pues así lo hago y así lo siento… Pero, de vez en cuando, es bueno que alguien te lo recuerde.

domingo 1 de noviembre de 2009

Houston, tenemos un problema…

Pues sí, tenemos un problema. O quizás mejor debería decir, tengo un reto. Prefiero bromear para no saltar, ¡maldita sea, siempre LO MISMO!!! Pero más vale que baje de la Luna y vaya al grano.

El miércoles día 4 se hace público el ganador del Premio As de Picas, el concurso en el que con tanta ilusión —«no me llames iluso…»— participé hace unos meses.

He pasado unas semanas de nervios porque una amiga mía que también concursó me dijo que desde hace casi un mes han ido enviando mensajes a los no ganadores… ¡y yo sin recibir una triste nota!

Por fin, me llegó una invitación, automática, impersonal. Así que decidí llamar a la editorial y salir de dudas. Se supone que, si no has ganado, has tenido que recibir el mensaje. Y si has conseguido el premio, ¡al menos tienen que avisarte unos días antes!

Sí, salí de dudas. No he sido premiada. Y me enviaron un mensaje amable explicándome el por qué.

Reproduzco el párrafo:

«Te escribo desde el departamento editorial de Viceversa. Acabamos de hablar por teléfono, y justo al colgar he caído en por qué tú no habías recibido mail. A los autores que estaban representados por agencia Carlos Martínez, director editorial de Viceversa, les hizo una llamada para comunicarles la valoración y decisión del jurado. Aún así, puedo decirte que El heredero del clan estaba extraordinariamente bien escrita, muy bien estructurada, con una trama muy bien dosificada y unos personajes llenos de vida... Fue, sin duda, de las mejores. Pese a sus cualidades, pensamos que quizá la segunda parte de la novela era demasiado adulta (los personajes crecen y, como es natural, los temas que los ocupan cambian) y, por lo tanto, alejada del público juvenil al que queríamos dirigirnos. Y, por último, sólo nos queda agradecerte enormemente tu participación, y expresar el deseo de que puedas seguir participando en todas las ediciones venideras. A partir del 5 de noviembre estarán ya publicadas las nuevas bases y se abrirá la IIa Edición del Premio...»

Los que habéis participado en concursos ya sabéis lo que se siente… Esa mezcla extraña de alivio, ante la duda resuelta, y de vacío interior, con la sensación de haber perdido algo.

Y la reacción inmediata. En mi caso, vinieron los sentimientos antes que la reflexión. Rabia: ¡siempre igual, la eterna pugna entre juvenil-no juvenil! Si Viceversa hace esas consideraciones sobre mi novela, ¿no será eso un obstáculo para que otras editoriales la publiquen? ¡Y no quiero cambiar mi historia! ¡Es así, la escribí así y la quiero así! ¿No existe literatura juvenil “un poquito” para adultos?

Luego, llegaron las consideraciones… ¡Baño de realismo! Para ganar un premio hay que tener todas las cartas favorables, y yo tenía al menos seis puntos en contra:

1. Había autores representados por el director de la misma editorial: ¡puntos en su favor! (* ver NOTA)
2. Participaron autores super consagrados, como Rafael Abalos, ¡más puntos para ellos!
3. Mi novela era larguísima, ¡punto en contra!
4. No es excesivamente —por no decir, casi nada— fantástica (otro punto menos)
5. Para ser adaptada a juego de play station... puede ser fenomenal, según cómo se mire, y puede no serlo
6. Los supuestos temas adultos (o no infantiles, diría yo)

Conclusión: ya tengo un nuevo desafío: buscar editorial para la novela. Como sea. Bueno, en realidad es mi agente quien debe hacerlo… Pero pondré todo cuanto pueda de mi parte para empujar. Ya sé que la propia autora no es buen juez de sus obras, pero creo que es de lo mejor que he escrito. Mejor que Estirpe… mejor que el resto de novelas. ENCONTRARÉ QUIEN QUIERA PUBLICARLA. ¡Esa será mi meta! Perdí una batalla, pero voy ganar la guerra.

***

NOTA: He cometido un error de interpretación en el mensaje de Viceversa. No es que hubiera autores representados por la misma editorial, sino que el director de la editorial, Carlos Martínez, llamó por teléfono a los autores representados por agencias (en mi caso, llamó a la agente y por eso yo no lo supe hasta más tarde). Disculpas por la errata. Esto invalida el punto 1. de mis consideraciones.

lunes 26 de octubre de 2009

La kedada

Fuimos siete. No es un gran número, pero sí es un buen número. Y en tan sólo un grupo de siete, sumamos cuatro nacionalidades distintas.

El encuentro fue muy rico. Nos presentamos, leímos algunos escritos propios, escuchamos y comentamos. Intercambiamos nuestras aventuras como escritores —noveles o ya publicados—, nuestros aciertos, tropiezos y esperanzas. El tiempo pasó volando y, cuando nos despedimos, creo que todos ya estábamos deseando volver e invitar a más gente.

¿Quiénes fuimos?

Grendelkhan, miembro de Prosófagos y uno de los promotores del portal Literactiva, nos habló de esta iniciativa y del empuje creciente de este tipo de literatura virtual interactiva, que en España aún está en pañales pero que en países anglosajones ya está muy desarrollada y cuenta con excelentes escritores.

Isabella de Jesús, de México, nos transportó a la América precolombina y nos deleitó leyendo un cuento ambientado en la antigua cultura mexica, con un bellísimo poema incluido.

Janet arrancó nuestras carcajadas leyéndonos con buen acento cubano el principio de su novela, cargada de ácido humor y ambientada en el corazón de la Habana.

Jesús F., también prosófago, nos puso la piel de gallina leyéndonos el cuento de terror y pájaros con que ganó un concurso literario.

Alejandro, argentino de Buenos Aires, se sumó a la kedada espontáneamente, cuando vio el cartel que pegamos en los cristales de la cafetería. Escribe poesía, venera a Rubén Darío y nos contó sus peripecias literarias y vitales. Se comprometió a leernos algún poema suyo en la próxima kedada y también a darnos consejos para promocionarnos como autores.

Carolina Lozano, la más joven del grupo, nos asombró. En un año ha publicado dos novelas y está esperando publicar dos más el que viene: tres forman parte de una saga de épica fantástica y la cuarta es histórica —ha quedado finalista en el premio Edebé. Ha conseguido contactar con las editoriales directamente, sin agente alguno, y además ha llevado a cabo una buena promoción de sus obras, organizando presentaciones, yendo a ferias del libro, lanzando su propia web, con merchandising inspirado en sus novelas —postales, imanes, bolígrafos—, etc. Todo lo ha hecho y pagado ella misma. Su tesón fue inspirador.

Finalmente, Elisabet explicó algunas de sus andanzas y leyó a la concurrencia un cuentecillo inspirado en las historias de trasgos y aparecidos tan típicas del norte de España.

La próxima kedada será en febrero. Hemos acordado celebrar una por trimestre. Aún hemos de concretar fecha, pero será otro sábado, entre 5 y 8 de la tarde. Todos los que paséis por aquí y os apetezca venir, ¡estáis invitados!

(Cuando tenga las fotos, colgaré algunas)

domingo 18 de octubre de 2009

Los desafíos del novel

¡La revista Prosofagia número 4 ya salió a la luz! Esta vez, la hemos dedicado a un tema que a más de un lector y visitante interesará: los desafíos del escritor novel. Os invito a leerla on line o a descargarla en pdf. Hay artículos que no tienen pérdida, como:
  • los de Teo Palacios, sobre cómo consiguió "vender" sus novelas y fichar con agencia y editorial —nada de enchufes, sino trabajo concienzudo, constante y bien pensado—.
  • el de ñam, sobre qué diantre es eso de literatura... —¿alguien ha intentado una definición de cosecha propia?
  • los coloquios on line de Esther y Plasido, sobre el arte de escribir cuentos con maestría, inspirados en los artículos de Guillermo Martínez
  • o las experiencias en vivo y en directo de Blanca Miosi y Nelo, que ya han conseguido publicar más de un libro y están imparables
  • los paseos de Boris Rudeiko por el Café Gijón y por otros cafés y foros literarios

Y más cosas. Si leéis la revista, también me gustaría que me dierais vuestra opinión sobre el artículo "La voz interior".

lunes 12 de octubre de 2009

Kedada literaria en Badalona

A todos los amigos y visitantes del blog: si estáis en Barcelona o cerca, o si os apetece venir de un poco más lejos, el día 24 de octubre hemos organizado una kedada literaria en Badalona (Barcelona).

La organizamos un grupo de miembros del foro Prosófagos, pero está abierta a amigos y compañeros escritores o amantes de las letras que queráis acercaros.

Eso sí, ¡tendréis que traer algo para poder entrar!

Día. 24 de octubre, a las 17 h

Lugar: Espai Cultural de ARSIS. Calle General Weyler 257, bajos. Metro más cercano: Gorg. A los interesados les puedo enviar un mapa.

Teléfono del local: 93 460 66 86.

Programa: presentación de cada cual y lectura de un breve relato (eso es lo que cada cual ha de traer, si es posible...) Breve, ¡no más de dos folios!

Luego, los comentaremos entre todos.

También explicaremos algún que otro proyecto, como Literactiva, o el Concurso de Relato Joven de Badalona.

Finalmente, recogeremos ideas y propuestas para otras kedadas.
En el local hay cafetería, zona wifi, espacio de sofás y una sala más aislada si nos conviene.

Más información: escribid a labaladademaya@hotmail.com

domingo 27 de septiembre de 2009

¿Para quién escribimos? -1-

Abro este tema basándome en los mensajes que algunos de vosotros me dejasteis en la anterior entrada. Estoy segura de que es un tema que habréis tocado muchos en vuestros blogs o en foros literarios. A mí me inquieta y me quita el sueño desde hace un tiempo —eso es un decir, porque duermo como una marmota. La pregunta no es simple ni baladí. En realidad, es crucial para un escritor porque alude a un factor clave en toda obra literaria: el LECTOR.

Quizás todos empezamos escribiendo para nosotros mismos, por puro placer, o porque “la loca de la casa” se nos escapaba desde las neuronas hasta los dedos inquietos sobre el teclado… Pero cuando alguien se propone publicar su obra, está claro que escribir deja de ser un acto solitario y autocomplaciente. Inevitablemente hay que tener en cuenta a la otra persona, al gran público, a nuestros futuros lectores.

Pensar en el lector es trascendental. Puede cambiar y depurar nuestro estilo —no podemos ofrecer una chapuza—, pero también puede cambiar nuestra historia y el enfoque que le damos. En mis conversaciones con un buen amigo escritor, solemos discutir sobre esto. Él insiste en que siempre debo pensar en mis lectores. Yo me resisto, pertrechándome en mi confortable torre de marfil: no quiero escribir condicionada por ellos. ¡Necesito libertad para expresarme! Pero en esta lucha, si voy a publicar, finalmente, tendré que rendirme y asumir mi inevitable derrota. Mi agente y mis editores nunca me publicarán una obra sin tener en cuenta el factor público. Así que más me vale aceptarlo.

Literatura, comunicación

¿Para quién escribimos?

En clase de lingüística nos enseñaron que la comunicación es un proceso con tres elementos clave: el emisor, el mensaje y el receptor. Y otros tres, no menos importantes: el código, el canal y el contexto. La creación literaria es un acto de comunicación donde podemos identificar fácilmente a cada parte: el escritor emite un mensaje, su obra; el receptor es el lector. El contexto es el entorno social y cultural, el momento histórico, las circunstancias que rodean a ambos —modas y tendencias incluidas. El canal es el libro, digital o impreso, y el código, el lenguaje. Pero por lenguaje no sólo me refiero al idioma, sino a las claves que conforman el discurso: desde su género, su estilo, su estructura, su punto de vista narrativo, sus simbolismos…

El escritor, como emisor, desea que alguien reciba su mensaje, que lo reciba correctamente y aún más: en el momento en que emite, está esperando, conscientemente o no, una respuesta. Por tanto, debe cuidar al máximo el canal y el código para que el receptor capte su mensaje.

Los ruidos

Pero en la comunicación hay ruidos que se interponen entre el emisor y el receptor y dificultan la recepción del mensaje o su correcta interpretación.

Estudiar los ruidos, en su sentido lingüístico, puede ser fascinante. Porque los ruidos no son solamente externos —pobre impresión, problemas de conexión, deficiente difusión de una obra— sino, mayormente, internos. Por parte del autor, un estilo pobre, una prosa defectuosa, fallos gramaticales u ortográficos y torpeza narrativa pueden dificultar que una historia teóricamente buena “llegue” al lector. Por parte del lector, si carece de ciertos conocimientos, tiene escasa riqueza de vocabulario o poca sensibilidad hacia los temas que trata la novela, no la valorará lo suficiente. También puede rechazarla cuando, simplemente, trata de un asunto que choca con sus preferencias. El estado anímico, la formación, los gustos, la experiencia vital, las ideas y creencias del lector influyen en su lectura y en su valoración de la novela.

Después de estas consideraciones… ¿qué cabe hacer? Por supuesto, no podemos controlar ni predecir la reacción de todos nuestros lectores, de manera que su respuesta tampoco puede condicionar el mensaje que vamos a transmitir. Pero si hay dos cosas que se pueden controlar y que son responsabilidad del autor. Por un lado, evitar todos los ruidos que dependan de él en la transmisión del mensaje. Y, por otro, apuntar a diana. Como buen arquero, su flecha debe estar afilada y limpia, el arco bien tensado y el ojo siempre fijo en el blanco. Es decir, se trata de lanzar una buena historia, enfocarla hacia el público más receptivo, buscar el canal más adecuado y volcarse en cuerpo y alma en el código. Porque, finalmente, cuando hablamos de literatura, estamos hablando de códigos.