Mudanzas

Cuando uno se muda de casa es una de esas ocasiones en las que piensa que… ¡el saber sí ocupa lugar! Y pesa muchos kilos. Y cuesta de llevar.

Aunque quizás no es tanto el saber, sino ese viejo, viejísimo soporte de tomo y lomo con el que hemos querido fijar las palabras volátiles y la memoria fugaz.  

Ahora, todas esas historias impresas que pesan media tonelada cabrían en un pequeño pen que puedo esconder en la mano. Una biblioteca del tamaño de un caramelo… Cientos, miles de horas de lectura, metidas en una carcasa más pequeña que una nuez, encerradas en una diminuta memoria de silicio, que es nada comparada con la maravilla arbolada de una sola neurona.

Pensándolo bien, el saber no ocupa lugar. Pero sí los libros. Y uno les toma apego, como al olor del pan y al tacto de una sábana limpia. No es imprescindible, pero necesitamos tocarlo.

Esta es una panorámica de mi futuro ex comedor, a punto para el traslado de piso que ¡hoy comienzo! (Y no están ahí todos los libros, ni mucho menos.) No sé dónde voy a comer. Igual me hago una ensalada y me la tomo encima de La leyenda del rey Arturo, que es ancho y de tapa bien dura...


Una visión de la novela, según Unamuno

Donde las cosas no pasan


«Bien sé que en lo que se cuenta de este relato, si se quiere novelesco ―y la novela es la más íntima historia, la más verdadera […]―, no pasa nada; mas espero que sea porque en ello todo se queda, como se quedan los lagos y las montañas y las santas almas sencillas asentadas más allá de la fe y de la desesperación, que en ellos, en los lagos y en las montañas, fuera de la historia, en divina novela, se cobijaron.»
Miguel de Unamuno. San Manuel Bueno, mártir.

Una perla preciosa como broche de una novela tan breve como rotunda, transparente y abismal como las aguas del lago que espejea en sus páginas.

Una definición de la novela: la más íntima historia, la más verdadera…


Y otra, aún: la historia donde no pasa nada, porque, en realidad, es el lugar fuera de la historia donde las cosas no pasan, sino que se quedan. Se quedan.

¿Cuántas veces habremos leído en alguna crítica: es que en esta novela "no pasa nada"? ... Y cuántas veces, también, habremos leído novelas donde pasan muchas cosas, tantas, tantas, que a las pocas semanas las hemos olvidado. Pasaron.

Por ir a la universidad

Esta entrada no es estrictamente sobre literatura... Pero siento que debo escribirla.

«El sábado 15 de junio una banda de milicianos atacó la Universidad de Mujeres de la ciudad de Quetta (Pakistán). Colocaron bombas en el autobús universitario y un kamikaze se hizo explotar cuando profesoras y estudiantes subían al vehículo. En la masacre murieron atrozmente catorce personas y más de veinte resultaron heridas…» Leo esta reseña en Catalunya Cristiana del 20 de junio, firmada por Justo Lacunza, padre blanco y estudioso del Islam. Y sigue: «El odio de los asesinos continuó su trayecto. Atacaron con saña el hospital donde habían sido conducidos los heridos, causando más terror, devastación y muerte. Los islamistas paquistaníes quieren impedir a golpe de bomba y fusil que las mujeres estudien y reciban una educación. Las quieren iletradas y analfabetas, sometidas y esclavizadas. Veladas y arrinconadas en los muros domésticos. Alejadas de la vida pública y administrativa, apartadas del mundo laboral. Con pocos derechos y muchos deberes. Por eso consideran que la educación seglar es el opio de la sociedad musulmana […] Me he preguntado muchas veces si los estados, gobiernos y organismos internacionales perciben la gravedad de prohibir la educación de las mujeres en países como Pakistán. Millones de mujeres en el país asiático luchan por sus derechos elementales. Quieren estudiar en las escuelas y aspiran a formarse en las universidades, pero la tozudez de los ideólogos islamistas les impide realizar su sueño: ir a la escuela. No hay base alguna en la religión musulmana que prohíba la educación de las mujeres. No obstante, los amos del terror lo impiden a toda costa…»

Leo y medito, con tristeza, sobre esta noticia, que no sé si trascendió a los grandes medios de comunicación, porque no los sigo. Y me digo que las mujeres de mi generación, que hemos crecido en aires de libertad, dando por sentada una formación universitaria, y que hemos podido proyectarnos profesionalmente sin traba alguna, deberíamos de tanto en tanto pensar que nuestra situación, comparada con la de la mayoría de mujeres del mundo, es de un enorme privilegio. Ahora mismo estoy escribiendo ante un ordenador, a mi lado tengo una impresora láser y vivo en un piso modesto, pero decente, donde he creado mi espacio personal y privado. Trabajo en algo que me gusta y me dedico unas horas cada semana a escribir, por pura afición; he publicado algunos libros, convirtiendo mi pasión artística en oficio. Más del 80 % de las mujeres del mundo carecen de todo esto. Y muchas que luchan por conseguir, al menos, unos estudios y un mínimo de libertad, se arriesgan a perder su vida, como estas jóvenes paquistaníes y sus profesoras. Muertas por amor al saber. Muertas por ir a la universidad. Muertas por querer proyectar su creatividad más allá de las paredes de sus casas. Muertas por algo que, para las mujeres que escribimos, en mi entorno, es tan natural que lo damos por garantizado.

Sí, somos unas privilegiadas. Una élite de mujeres inconscientes de serlo, preocupadas por cosas como la crisis en el sector editorial, el futuro de los escritores independientes o cómo publicar libros. Otras pierden su vida por leerlos.

Regalo libros

Tras mi «despido» de la agencia tengo en herencia unos cuantos ejemplares de mis tres novelas publicadas. Como no quiero que críen polvo en mi pisito, voy a regalarlos. Así que os los ofrezco a los amigos y seguidores del blog, gratis (incluido el envío). Podéis elegir uno, dos o los tres. Los primeros que respondan a la «oferta» se los llevan hasta agotar existencias, como se suele decir. Para solicitarlos, podéis enviarme un mensaje indicando qué libro queréis y vuestros datos: nombre, apellidos y dirección completa (con teléfono, pues lo envío por mensajero y me lo piden). Mi e-mail es labaladademaya@hotmail.com.

Las novelas son: Estirpe Salvaje (fantasía épica juvenil), El heredero del clan (fantasía épica no tan juvenil) y Ciudad sin estrellas (distopía futurista, premio Minotauro 2011). Estirpe está en tapa dura, muy bonita la edición. El heredero y Ciudad en tapa blanda y rústica.

Para los que no habéis leído ninguna, he aquí unas breves reseñas de las tres novelas:

Estirpe salvaje: Un libro excelente. Reúne las tres cosas que cualquier lector quiere encontrar: una historia fascinante, unos personajes inolvidables y una prosa realmente bella. Muy recomendable para cualquier edad, no sólo para jóvenes. Susana Torres Ogando, escritora.

El heredero del clan: Montse de Paz nos sorprenderá con una aventura que nos llevará, a lo largo de quinientas páginas, hacia mundos vírgenes, hacia paisajes interminables, donde la amistad, el amor, el odio, las envidias, la codicia, la traición, pero también la honestidad y la nobleza nos traerán ecos de las antiguas leyendas que aún viven entre las piedras y entre los árboles escandinavos. Cuando hace un par de semanas cerré el libro no pude evitar sentir añoranza y, eso, para quien ya empieza a sentir que ha leído demasiado, es para agradecerle a la autora que le haya liberado del monetarista mundo real que nos está tocando vivir. Necesitamos héroes como los creados por Montse de Paz, capaces de desear algo y llegar a hacerlo realidad. Paco Illán Vivas, escritor.


Ciudad sin estrellas: Ciudad sin estrellas es un lugar que huele a humo, a consumo, a relaciones robotizadas y que garantiza el acceso a una ciudad entera con un solo clic. Como si se tratara de la película Gattaca, su autora, Montse de Paz, consigue adentrarnos en una metrópoli llamada Ziénaga y nos ofrece una novela sobre la inquietud de un joven que quiere saber más allá de lo que esconden esos muros impuestos. En definitiva, un ejemplo magnífico de rebeldía hacia el control que vivimos y que hemos experimentado siempre. Estanis Bañuelos, cineasta y periodista.

El Cantar de los cantares

Comparto con los navegantes y seguidores de este blog una entrevista a Joan Ferrer, filólogo semítico y biblista que nos habla del poema de los poemas… ¿El más hermoso? Por supuesto, habrá quien lo discuta. Pero pocos poemas han inspirado a tantos. Como a san Juan de la Cruz, en su Cántico espiritual. A mí estos poemas me fascinan.

He aquí algunos versos escogidos del Cantar.

Mientras reposa el rey en su lecho,exhala mi nardo su aroma. Es mi amado para mí como bolsita de mirra que descansa entre mis pechos.
¡La voz de mi amado! Vedle que llega saltando por los montes, triscando por los collados. Es mi amado como la gacela, como el cervatillo.
¡Levántate ya, amada mía, hermosa mía, y ven! Que ya se ha pasado el invierno y han cesado las lluvias.
Paloma mía, que anidas entre las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
dame a ver tu rostro, hazme oír tu voz.
Que tu voz es dulce y encantador tu rostro.
Ponme como un sello sobre tu corazón,
ponme en tu brazo como sello.
Que es fuerte el amor como la muerte
y son, como el seol, duros los celos.
Son sus dardos saetas encendidas, son llamas de Yahvé.
Ni el mar inmenso podría extinguirlo,
ni arrastrarlo los ríos.

Esta es la entrevista (recomiendo leerla en pantalla completa).

Otras cosas que no te conté

Boris (Manuel Navarro Seva) está haciendo algo que todos sus amigos de letras le agradecemos: recopilar en varios libros, como en cajitas del tesoro, todos esos cuentos dispersos por foros y blogs, que ha ido escribiendo a lo largo de los años y que tanto disfrutamos muchos en su momento. Ahora los releemos con doble gusto, pulidos y reunidos en estas colecciones de relatos como la tercera que acaba de publicar en Amazon, Otras cosas que no te conté.

Los releemos con gusto, sí, y sabiendo que podemos darnos un atracón de cuentos sin miedo a que se nos indigesten, porque los cuentos de Boris nunca sientan mal. Es imposible con una prosa tan limpia, tan falta de pretensiones barrocas, tan directa. Porque en los cuentos de Boris, aparentemente tan simples, no hay una frase de más. Todo tiene su intención y detrás de cada palabra se nos abre un mundo, con suavidad, casi sin que nos demos cuenta. Boris no hace alarde de efectos especiales, pero es un gran arquitecto…

Intentaré explicarlo con una imagen del mundo de la pintura. Leer los cuentos de Boris, para mí, es como disfrutar de esos cuadros hiperrealistas de pintores como Isabel Guerra o Iman Maleki, que seducen por la belleza y los sentimientos que son capaces de despertar a partir de escenas ordinarias y cotidianas, casi siempre protagonizadas por una o dos figuras humanas. A primera vista uno podría decir: bueno, es realismo bien plasmado. Parecen fotografías. ¡Pero no! Esos cuadros son mucho más que “flashes” o imitaciones fotográficas. Son construcciones, bañadas de realismo plástico, pero creadas por la visión interior del artista. De la misma manera, los relatos de Boris no son simples retazos de cotidianidad. No son fotografías sino invenciones ―ficciones― que, tras el disfraz realista, ocultan una experiencia íntima, profunda y difícil de encasillar en conceptos abstractos.

Una imagen, un olor, un armario vacío o un puñado de monedas en un cenicero son más elocuentes que un discurso. He aquí la estética de la prosa de Boris. El cuento La fotografía es un buen ejemplo de esto, ya que hablamos de imágenes. Con frases ligeras, incluso coloquiales, Boris nos cuela un gol. La tragedia de toda una vida se desliza tras una cita informal. Sin aspavientos dramáticos: «…la encontré muy cambiada, como si hubiera envejecido cien años. Tomamos un café y nos preguntamos qué había sido de nosotros.» En el relato El reloj de pulsera, algo tan trivial como cambiar las pilas de un reloj nos conduce a una reflexión existencial: «―¿Tiene arreglo? ―No, el reloj está muerto ―dijo la joven. Al oír esa palabra sentí un escalofrío, como si se tratara de una persona querida.» Y en El niño que nació el día del eclipse, lo prosaico se entremezcla con lo insólito, hasta rayar lo esperpéntico, pero con tal fluidez que el lector apenas lo siente; y cuando ya imagina terminar el relato con un sabor de amargura, saltan los fuegos artificiales: «Aquella misma noche de luna llena fueron los dos juntos a cenar. ... Las estrellas cayeron del cielo sin cesar y un terremoto sacudió la tierra».

Esa es la magia, la alquimia de Otras cosas que no te conté. Con la finura del narrador que domina su arte, valiéndose de una prosa sobria y escenarios muy corrientes nos conduce, casi sin que nos demos cuenta, a esos temas terribles y profundos que solemos esquivar en la vida diaria. Y nos obliga a mirarlos de cara. Sin juicios ni prejuicios, con el asombro y el estremecimiento con que los niños miran por primera vez el mundo.

Para adquirir el libro en Amazon, formato Kindle: clicad aquí.

Además, hasta el día 13 lo tenéis en descarga gratis. ¡Aprovechad la ocasión! No os arrepentiréis... 

Cuando una puerta se cierra... III

¡Otra entrevista! Que en principio debía ser para cerrar temas y al final se ha convertido en una encrucijada donde de nuevo se me abren puertas, o caminos, diferentes. 

Esta semana pasada tuve una larga conversación con mi editor de Minotauro. Hablamos del panorama literario, de mis novelas y de las posibilidades que tenemos los autores que, como yo, apenas hemos iniciado nuestra carrera, ese largo maratón que pasa por diferentes etapas. Y ahora toca una cuesta arriba, difícil para todos. También para el mundo editorial, como me explicó. 

¿Lo mejor? La cordialidad y la franqueza con que se desarrolló todo. Hablamos en un clima de confianza y, de nuevo, como me sucedió con Sandra, creo que la voluntad de querer facilitar las cosas y no cerrar puertas definitivamente ayudó a que hubiera sinceridad y claridad. Salí con un buen sabor de boca y… ¿por qué no decirlo? Con esperanzas. 

Conclusiones. Respecto a mis obras, de momento el tema ciencia ficción queda en pausa. No le ha gustado la continuación que escribí para Ciudad sin estrellas, me explicó de manera breve y gráfica por qué y esa cuestión, por ahora, queda zanjada. En cambio, aceptó leer una de mis novelas inéditas de fantasía, que hoy mismo le he enviado. ¡Crucemos los dedos! Y me ofreció contactos y referencias en cuanto a la otra novela que estoy comenzando a mover ―histórica― y otra que aún no he terminado. 

Respecto al mundillo literario, lo que me explicó no difiere mucho de las impresiones de Sandra Bruna. Anoto varios aspectos, sin embargo, que destacó y que dan para pensar un rato. 

Uno. La crisis está afectando tanto que los libreros, desesperados por vender ya mismo, rápido, no dan margen a que los libros puedan hacerse un lugar, ser leídos, comentados y recomendados. El editor me habló de los long sellers, que necesitan un tiempo para consolidarse y que pueden venderse muy bien gradualmente, gracias al boca oreja de los lectores y a lo largo de prolongados periodos de tiempo. Ahora, las librerías no dan tiempo a que este fenómeno se produzca. 

Dos. Como ha ocurrido con el mundo inmobiliario, se ha dado una burbuja editorial. Según él, durante los años de bonanza todas las editoriales se lanzaban a publicar montones de títulos, incluso obras que no veían muy claro que resultaran: se arriesgaban a probar. Ahora esta burbuja ha hecho bluf, se vende muchísimo menos y las editoriales han reducido hasta un 40 y un 60 % menos los títulos que sacan cada año. Por tanto, el filtro selectivo ha de ser mucho más fino. De hecho, me decía, este es el papel del editor: seleccionar y ser exigente con lo que se publica. 

Tres. Pero, al mismo tiempo, admitió que muchas veces prima el factor comercial por encima del literario. Y hablamos de éxitos de ventas cuyos editores incluso empujan al autor, ofreciéndole jugosos anticipos, para prolongar sus sagas y escribir más libros de los previstos en su idea original, porque saben que tienen el público asegurado. 

Cuatro. Me confirmó la tendencia que hablamos con Sandra, que “la clase media” está desapareciendo. Se venden, mucho, unos pocos best sellers. Y se venden, mucho menos, las obras de autores medio conocidos o noveles. El abismo entre unos y otros es enorme y creciente. Este año, me dijo, lo que realmente se ha vendido bien son las famosas Sombras de Grey. El resto de autores, especialmente hispanos… ¡lo tienen más crudo! 

Cinco. Sobre América, me comentó que las filiales del Grupo Planeta en Latinoamérica presionan por obtener títulos de España y comercializarlos, pero ¿qué sucede? Publicar, imprimir y enviar los libros desde España aumenta los costes y el precio final, en América, es caro. En España proponen que sean las sucursales americanas las que se ocupen de imprimir y distribuir, desde allá, en formatos y precios más asequibles. Pero, según parece, allá remolonean y tampoco quieren correr con los gastos y el riesgo de lanzar ellos una tirada. Así están las cosas… 

Seis. Sobre tendencias en el campo fantasía, ciencia ficción y terror, me dijo tres cosas curiosas. Que la ciencia ficción triunfa en USA y en Europa anglosajona (Gran Bretaña, Alemania…) pero mucho menos en España. En España gusta más la fantasía (vamos, digo yo que será porque aún somos muy quijotescos y nos va eso de las caballerías, la capa y la espada). En México comentó que gusta especialmente el género del terror (¿tendrá que ver con todo ese folclore colorista de los espíritus y los muertos…?). 

Cambiando de género, me dijo que la novela histórica sigue con buena salud, y que la Edad Media continúa estando en boga (¿y cuándo no?, ¡a mí me apasiona!). En cuanto a los temas bíblicos (ahí ando yo metida, ahora…) también me dijo que era un campo interesante del que siempre se pueden sacar buenos argumentos e historias. 

Pues aquí estoy. En medio del camino, con más proyectos, más ideas, más esperanzas… ¡Sin prisa pero sin pausa, como buen maratonista!

Prosofagia 17

El número 17 de la revista Prosofagia ha salido impreso. Muchos ya estamos acostumbrándonos a la e-lectura pero… ¡qué gozo tener una revista así entre manos, con tapa y hojas! El tacto del papel satinado, el olor, poder ver plasmadas en papel tantas páginas de entrevistas, reportajes, artículos y fotografías, no tiene precio. Este número, además, es especial. Un compañero de la redacción comentaba que recoge el esfuerzo ininterrumpido de cuatro años; cuatro años de amor a las letras y de trabajo constante, tras la pantalla y entre las fibras de la Red. Cuatro años de amistad entre quienes la engendramos y la llevamos a buen puerto ―o buen parto―, y con todos aquellos que han colaborado en sus páginas, desde amigos de los foros literarios hasta personalidades reconocidas del mundo académico y de las letras.

Así, cuando supimos que teníamos la oportunidad de publicarla impresa, decidimos que fuera un elenco de lo mejor publicado durante el último año. Fue difícil seleccionar, pues siempre hay que descartar muchos artículos y relatos estupendos. Pero finalmente quedamos satisfechos con el resultado. En ella encontraréis temas tan variados como…
  • Entrevistas a Juan Eslava Galán y Laura Gallego.
  • Una charla con Pepe Martínez de Sousa, autoridad referente en tipografía y bibliología.
  •  Nuestros artículos “de albañilería literaria” preferidos por los lectores: sobre las comas, las comillas, el laísmo y el leísmo y los diálogos en literatura.
  • Una selección de las viñetas humorísticas de Nelo.
  • Un ensayo sobre crítica literaria del escritor Guillermo Martínez, Premio Planeta Argentina.
  • Una recopilación de cuentos y poemas, entre ellos, dos poesías del Premio de las Letras Españolas, Julio Maruri.
  • Dos micro-relatos aportados por alumnas de la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès.
En resumen, 181 páginas que se pasan volando, volando, amenizadas por el diseño ágil y plástico de nuestra pepsi y las fotografías que han aportado nuestros colaboradores.

A mi entusiasmo quiero sumar mi agradecimiento por formar parte de este magnífico equipo de redacción y al trabajo incansable de Boris, Esther y pepsi. ¡Trabajar con vosotros es un desafío y un auténtico placer! ¡Cuánto se aprende!

Y otro agradecimiento muy especial para José María Lafuente, nuestro generoso mecenas, que a través de Ediciones la Bahía nos permite publicar con tanta calidad nuestra revista.

¿Queréis recibir un ejemplar? Lo ofrecemos gratis, tan solo tenéis que pedírnoslo escribiendo a prosofagia@prosofagia.com indicando vuestro nombre y señas postales. Gracias a nuestro mecenas podemos distribuir unos cuantos ejemplares a nuestros lectores. Por supuesto, también agradeceremos vuestros comentarios. Nos gusta leer opiniones y todo nos ayuda a mejorar.

¡Espero que muchos podáis disfrutarla!


Las revistas, nuevecitas, "posan" en el salón.


Reproducción de dos poemas originales de Julio Maruri.

¡Otra! De Borges


Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.
Jorge Luis Borges.


Una perla (de Mark Twain)

La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta es la misma que entre el rayo y la luciérnaga. 

¡Pues sí! Escribir bien es tarea de precisión, de orfebre, de cirujano... Por eso es noventa por cien transpiración y diez por cien inspiración. Encontrar la palabra adecuada y exacta, en ocasiones, es una auténtica iluminación.


Una visión de la novela, según D. H. Lawrence

Una visión sobre la novela según D. H. Lawrence, cito de su obra:

Porque hasta la sátira es una forma de simpatía. Esa forma con la que nuestra simpatía fluye y recula es lo que verdaderamente determina nuestras vidas. Y en eso radica la importancia inmensa de la novela, debidamente manejada. Puede informar y conducir hacia nuevos lugares el flujo de nuestra conciencia de simpatía, y puede conducir a que esta se aparte de cosas que han muerto. De ahí que la novela, manejada propiamente, pueda revelar los lugares más recónditos de la vida: porque es en los recónditos sitios pasionales de la vida, sobre todo, donde la marea de la conciencia sensible ha de afluir y menguar, purificarse y refrigerarse.

Pero la novela, lo mismo que el chismorreo, también puede excitar simpatías y retrocesos espúreos, mecánicos y amortiguadores para la psique. En la novela se pueden glorificar los sentimientos más corrompidos, en tanto que sean convencionalmente «puros». Entonces es cuando la novela, lo mismo que el chismorreo, deviene finalmente en vicio, tanto mayor cuanto que está de una manera ostensible del lado de los ángeles. El chismorreo de la señora Bolton siempre estaba del lado de los ángeles. «Y él era un tipo tan malo, y ella una mujer tan deliciosa.» Cuando [...] la mujer había sido sencillamente una falsa, y el hombre indignamente honesto. [...] Por esa razón el cotilleo era algo humillante. Y por la misma razón son humillantes también la mayoría de las novelas, particularmente las populares. El público solo responde ahora a aquello que apela a sus vicios.

D. H. Lawrence, El amante de Lady Chatterley, framento del capítulo 9.


Cuando una puerta se cierra... II


Ayer tuve la entrevista de despedida con mi ex agente literaria. Sandra Bruna. Creo que es una experiencia que vale la pena contar.

Sandra estuvo acogedora y cordial, como es ella, y creo que fue sincera. En todo momento me miró a los ojos y se comportó con naturalidad y calidez. Me explicó la difícil situación del mundo editorial, cómo esto afecta a las agencias, su necesidad de reducir costes y tener que dejar de representar a muchos autores por falta de personal y tiempo de dedicación. Hablamos de todos los temas que teníamos pendientes, se ha comprometido a cerrar un par de gestiones aún no resueltas y, lo mejor, también me ha ofrecido darme contactos y referencias. Aunque me dijo bien claro que no sabía de ninguna otra agencia que recomendarme, pues todas están pasando la crisis igual o peor que ella.

Quiso quedar como amiga y yo acepté terminar así, sin dar un portazo, sin cortar la relación por lo sano. Creo que es la forma de acabar bien las cosas, siempre que se pueda. La escuché, se lo agradecí y le dije que lo comprendía. Le pedí algunos consejos y me dijo que, para cualquier cosa en que pueda ayudarme, que cuente con ella y la escriba.

Cerramos bien. Amigablemente. Con franqueza y sin perder el contacto porque… ¡nunca se sabe! La vida da muchas vueltas. Me deseó suerte y nos despedimos. Me dijo que cuando publicara algo nuevo no dejara de avisarle. ¡Espero poder hacerlo sin tardar mucho! Y salí de allí sin desazón, sin pena, con un sentimiento extraño que me cuesta describir. En mi otro escrito hablé de la intemperie, de volver a empezar… No, no vuelvo a empezar de cero. Inicio otra etapa de mi camino y, por qué no, tal vez sea mucho mejor que la que cierro ahora.

En la conversación salieron algunos temas que me parece interesante reseñar, sobre todo de cara a los noveles y visitantes de este blog que os preguntáis por vuestro futuro y oportunidades.

Una. Que el mercado del libro está perdiendo “la clase media”, es decir, los autores que están a medio camino entre los noveles o desconocidos y los “peces gordos”, las estrellas. Los best sellers lo están copando todo, y las editoriales solo apuestan por ellos. ¿Alternativas? Muchos amigos y colegas están optando por lanzarse a la selva. Me refiero, claro, a Amazon.com. O buscando otras fórmulas de autopublicación o co-edición. A algunos les está resultando bien.

Dos. Que la novela histórica de misterio ha tocado techo, pero se mantiene la clásica, de guerras, aventuras y hazañas, la de toda la vida.

Tres. Que ha vuelto y sigue pisando fuerte la novela romántica y las sagas familiares. Supongo que el fenómeno Sarah Lark va por aquí…

Cuatro. Que el fantasy también está saturado y va a la baja. Con algunas excepciones, claro. Juego de Tronos y el resto de la serie de Martin, con las reediciones de Tolkien, han monopolizado el espacio… De la ciencia ficción ya ni hablamos.

Cinco. Que el mercado digital es un terreno que las editoriales tradicionales todavía no están explorando lo suficiente, ni para ver sus posibilidades ni para conjurar sus “amenazas”.

Seis. Me sugirió que probara a tocar otros géneros que estén más de moda. Me temo que este es un consejo que no seguiré… a menos que lo que está en onda coincida con lo que me apetece escribir. Y, con esto, soy consciente de que me estoy sembrando de obstáculos el camino. ¡Tendré que convertirme en una saltadora experta!